Piel de cordero

Josefina Licitra

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Una semana atrás, la ciudad de Buenos Aires amaneció empapelada con una imagen revulsiva. Una infinidad de afiches, emplazados en los exhibidores oficiales de publicidad, mostraban, y aún muestran, a un feto de cinco meses en un charco de sangre, acompañado por la consigna “Aborto = Genocidio”. Si bien es una pérdida de tiempo emprenderla con la salud mental de los grupos de choque católicos –en este caso, se trata de la asociación Demos + Vida; esa clase de entes que no tienen teléfono o página web; de inscripción legal ni hablemos–, la cuestión cobra sentido cuando meten sus panfletos en el espacio público: un territorio que –vale la perogrullada– diariamente es transitado por menores de edad y que –vale la segunda obviedad– en teoría es controlado por el Estado.
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Hay leyes, se supone, encargadas de regular este tipo de propagandas (y todas las otras también). Y hay una dependencia gubernamental, también se supone, responsable de hacer valer estas leyes. Se trata del Ministerio de Ambiente y Espacio Público del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, una delegación que este año ganó las portadas de los diarios gracias al particular funcionamiento de su Unidad de Control de Espacio Público (UCEP): una cuadrilla formada por cuarenta empleados municipales y ex barrabravas que, puesta para retirar carteles en infracción, hizo una lectura personalísima del concepto de “limpieza urbana” y terminó patoteando indigentes en las calles. El escándalo y las denuncias fueron tales que la UCEP fue desactivada y en su lugar llegó otra repartición para ocuparse del asunto.
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No hay grandes cambios. Al momento de cerrarse este artículo –lunes 28 de diciembre–, las carteleras con los fetos –cuya imagen no se reproduce por motivos obvios– llevaban siete días en la vía pública, ofreciendo en algunos casos un cuadro de situación explícito: un afiche, por ejemplo, estaba emplazado a veinte metros de la parroquia San José de Flores, un edificio que integra una institución –la Iglesia católica– que ha presionado con éxito al gobierno de Mauricio Macri para que restrinja la aplicación de la Ley de Educación Sexual Integral en las escuelas –hasta el momento, el presupuesto destinado a educación sexual fue ejecutado sólo en un 5 por ciento– y para que los hospitales –aunque existe una ley que lo establece– no tengan suficientes preservativos gratuitos para entregarles a sus pacientes.
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Por este tipo de ausencias –falta de educación y de profilaxis– hoy hay 500 mil argentinas que anualmente llegan a la situación límite de tener que practicarse un aborto –algunas de ellas mueren en el camino– y que dejan en el mercado negro – 1.000 millones de pesos por año, casi un 3.000 por ciento más que la inversión estatal en educación sexual y procreación responsable. Frente a esto, la política oficial más sólida consiste en avalar, por impericia u omisión, la profusión de golpes bajos y para todo público, y en rendir cuentas a una institución –la Iglesia católica– cuya máxima figura porteña, el cardenal Jorge Bergoglio, el pasado 25 de diciembre se refirió al aborto –y al matrimonio gay, ya que estamos– como una “oscuridad existencial” que debe dejarse iluminar por la luz “mansa” de Dios
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Cabe preguntarse a qué se refiere Bergoglio con “mansa”. En Estados Unidos, por caso, la asociación católica The Grantham Collection decidió emprender su propaganda antiabortista de una inaudita manera: tomó fragmentos de fetos de entre 6 y 12 semanas y los organizó en torno a una estética que les daba una significancia vital; una mano haciendo el signo de la paz, un pie sobre una moneda de un peso. Las medidas reales de esas partes, a juzgar por las escalas, eran milimétricas; de ahí que lo vomitivo de la propaganda no fuera tanto lo que podía verse como lo que podía intuirse: antes de tomar las fotos, esa gente se había dedicado al origami
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No queda claro qué tipo de luz iluminó a esos corderos, ni qué clase de lamparita pende sobre la asociación Demos + Vida. Pero sí está claro que ni esa campaña ni estos afiches tendrían razón de ser si las mujeres supieran cuidarse de un embarazo no deseado o si, ante el hecho consumado, pudieran tomar misoprostol: un medicamento avalado por la Organización Mundial de la Salud que permite interrumpir una gestación en el curso de los tres primeros meses, y hacerlo de una forma segura, privada y libre de cualquier cámara puesta en el nombre de Dios
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La imagen horrorosa que hoy puebla las calles no existiría, en síntesis, si hubiera una política pública libre de obsecuencias religiosas. Pero termina 2009 y, una vez más, sigue sin aprobarse una ley de despenalización del aborto.

La estafa

Mauricio Macri podrá decir que él no tuvo la culpa. Podrá usar esos mismos términos, incluso, en su próxima reunión con el cardenal Jorge Bergoglio: culpa es una de las palabras favoritas de los prelados. Mauricio, como a él le gusta aclarar cada vez que puede, no hizo nada. El no fue responsable. El fue la víctima, no de un complot del Ejecutivo nacional como en el escándalo de los espías contratados por su gobierno, sino de un "conflicto jurídico" que le ató las manos y evitó que Buenos Aires fuera la sede del primer matrimonio de una pareja del mismo sexo en América latina. ¿Y qué más podía querer un jefe de Gobierno que siempre está jugando al "yo no fui"?

Los trajes nupciales de Alex Freyre y José María Di Bello no pudieron ajarse con esos abrazos que imaginaban para después de haber dado el sí. Sus corbatas de moño y sus lazos rojos —símbolo internacional de la respuesta a la pandemia del sida— debieron ser guardados. Tal vez se lleven a su refugio las marcas de unas lágrimas y ese olor del perfume de los días especiales.

La estafa se consumó después de tres horas de espera en el mismo Registro Civil donde iban a inscribir su unión: un proyecto personal y político, una manifestación de amor y de lucha. Todo ese tiempo se tomó el jefe de Gobierno de la Ciudad (¿Autónoma?) de Buenos Aires para quebrar la cintura y dejar que pase, sin tocarlo, el conflicto que lo incomodaba. El era el único que podía hacer valer la autonomía de la ciudad de Buenos Aires consagrada por ley y exigir que se cumpla la sentencia firme de la jueza en lo Contencioso Administrativo Gabriela Seijas, declarando la inconstitucionalidad de los artículos del Código Civil que restringen la figura del matrimonio a parejas formadas por un varón y una mujer. Fallo que la jueza emitió y ratificó el día mismo de la boda para contrarrestar el pedido de nulidad de una jueza del fuero civil de la Nación. Pero las "convicciones personales" no le alcanzaron a Mauricio Macri para hacer algo más que nada —de hecho su gran acto a favor de las libertades personales había sido abstenerse de una acción—.

"Esta no es una derrota —dijo María Rachid, presidenta de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans; tan emocionada como triste ese 1º de diciembre—, es sólo la suspensión de una medida." Y no, no es una derrota aun cuando el gusto a hiel esponje la lengua. Es nada más la sensación de haber tocado un cielo particular para despertarse enseguida con los pies en la tierra. Aunque en esta misma tierra ahora hay huellas que no pueden desandarse: por ejemplo, la figura de las Madres de Plaza de Mayo poniendo el cuerpo y sus pañuelos junto a un reclamo de igualdad que reconocen como propio. Por ejemplo, el fervor militante de quienes ahora saben que es posible abrir una grieta y que la voluntad puede convertir a esa grieta en derrumbe: si hasta el más conservador de los sentidos, el común, se rinde ante la evidencia de que es ridículo que se prohíba que dos personas se casen si lo que desean es compartir su vida y sus proyectos.

Sobre esas huellas se seguirá caminando, aun con estrategias diversas. Con boda o sin ella, es evidente que la imaginación no se deja moldear por lo posible sino al contrario. Y si ahora el matrimonio sin restricciones es el próximo paso, el único desafío es imaginar cuál será el siguiente.

La eutanasia, el aborto y otros dilemas. Diálogo con Asunción del Río.

No es fácil, ni sencillo, ni agradable, hablar de estos asuntos: cómo vivir, cómo morir, cómo interrumpir el embarazo. Pero sobre todo, cómo morir. La eutanasia, una palabra cargada de controversias y miedo, pronto va a estar muy presente entre los dilemas de la sociedad.
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Leonardo Moledo e Ignacio Jawtuschenko

–Asunción, a ver, cuénteme un poco quién es usted, a qué se dedica y por qué mantenemos este diálogo.


–Soy psicóloga, doctora en Bioética de la Universidad Autónoma de México (UNAM) y secretaria general del Colegio de Bioética (www.colbio.org.mx), que es una organización académica sin fines de lucro dedicada al estudio y divulgación de temas referidos a la bioética.


–Bioética... Está muy de moda, ¿no?


–Bueno, es natural, dado los problemas que plantea la ciencia.


–Bueno, pero la ciencia plantea problemas desde hace mucho y esto es, cómo decirlo, reciente, ¿no?


–Y, sí. En realidad aparece a principios de la década de 1970. Un oncólogo norteamericano, Van Rensselaer Potter, inventó la palabra y fue su iniciador. Es interesante su historia porque él cuenta que vivía muy concentrado en sus trabajos de investigación, recluido, aislado en un campo muy específico de investigación, la bioquímica del cáncer. Hasta que un día levantó la cabeza, se asomó al mundo y vio que la ciencia estaba –y está– avanzando vertiginosamente, para bien y para mal. Y entonces creyó necesario detenerse a reflexionar acerca de cómo se usa bien y mal todo conocimiento nuevo.


–Volver a la unidad de la ciencia y la filosofía sirve para cuidarnos.


–Y, sí. Potter escribe el libro emblemático Bioética: puente al futuro, donde la llama la ciencia de la sobrevivencia.


–Hay algo raro en este asunto...


–¿En cuál?


–En el asunto de los medios y los usos y los fines de la ciencia...


–La ciencia es un medio y un fin en sí mismo, al mismo tiempo.


–Mmmmm... No todo el mundo debe estar de acuerdo con eso.


–Y, no.


–¿Y es posible para la ciencia detenerse a reflexionar?


–El asunto no es si es posible, sino que es necesario.


–¿Aun en medio del sistema capitalista?


–Es difícil. Es lo que busca la bioética, que es una actividad que va siempre un poco atrás, porque la ciencia va más rápido que su reflexión. Cosas que se están haciendo, sin una acabada razón. La tarea de la bioética es dar buenas razones, diferentes de las morales.


–¿Cuál es la diferencia entre lo moral y lo ético?


–Lo moral es lo que está establecido y no se cuestiona. La religión es una moralidad que importa a los que comparten esa creencia. El problema es que se trata de imponer una moralidad, presentada como bioética o incluso como argumentos científicos para frenar o cambiar cosas que finalmente se traducen en cuestiones que repercuten en la sociedad.


Por ejemplo, la reproducción asistida o el diagnóstico de un feto. Una cosa es una reflexión bioética y otra cosa una imposición moral.


–Bueno, la moral es un conjunto de convenciones.


–Construidas históricamente.


–De acuerdo, pero no por eso deja de ser un conjunto de convenciones. La ética parece ir más allá, o debe ir más allá, ¿no es así?


–Sí, lo fundamental es ser libres, reflexivos. En el caso de la bioética es reflexionar acerca de cómo los avances de la ciencia y la tecnología impactan en el pensar y el actuar del hombre ante la vida y la muerte. La bioética por definición se ocupa de presentar argumentos plurales, laicos, racionales y multidisciplinarios. A lo mejor podemos estar de acuerdo o en desacuerdo, pero siempre en torno de razones.


–Nacemos en una sociedad cuya moral no elegimos. ¿Cuáles son los principales dilemas de la bioética en Latinoamérica?


–El aborto, la eutanasia y todo lo relacionado con el final de la vida, la investigación con embriones, la investigación que involucra a sujetos humanos, la lógica de la industria farmacéutica...


–Hábleme de la eutanasia.


–La eutanasia es que alguien pueda decir ayúdeme a morir. Es una opción de terminación de vida, el acto que realiza un médico para producir una muerte indolora, a petición del paciente, para terminar con su sufrimiento, generalmente ante la fase final de enfermedades incurables. En Holanda y Bélgica está permitida legalmente. Allí consideran éticamente aceptable respetar el derecho de un paciente de ejercer su voluntad incluso para decidir el final de su vida.


–¿La experiencia de Holanda deja alguna enseñanza para países como los latinoamericanos, cruzados por una moralidad distinta?


–La principal enseñanza es que la gente puede morir muy mal, y la eutanasia ayuda a que no muera tan mal. Por los años '70 ellos llevaron a la luz pública el problema, a partir del caso de una mujer que causó la muerte de su madre a pedido de ella y que, en lugar de hacerlo clandestinamente, lo notificó. Había cometido un delito. Lo que pasó a partir de allí fue interesante, porque la sociedad se manifestó en su apoyo, diciendo que estaba mal considerarlo un delito. Lo que hizo Holanda fue no ocultar el problema, se pusieron a estudiar el tema, a revisar las leyes y allí fue cuando se determinó que podría haber casos excepcionales, en los que un médico ayudara a morir. Y tras treinta años, se aprobó la ley en el año 2002.


–Resulta inquietante pensar en la muerte y en este tipo de decisiones. En sociedades donde la religión ocupa lugares tan preeminentes, ¿cómo hacer para que se debatan estas cuestiones?


–En primer lugar explicar de qué se trata. Lo que pasa es que hay una voz muy fuerte que dice "eutanasia es pecado". Tenemos que decir –y en especial en México, donde no lo tenemos tan claro–: todos nos vamos a morir, nos podemos morir mejor o peor, no sabemos cómo ni cuándo nos va a pasar. Y para quien considere que es dueño de su vida, a lo mejor, lo único que nos queda al final es poder decir: llego hasta aquí, ya no quiero seguir, y decida morir de la mejor manera posible.


–Sobre todo con el avance de la medicina, que logró vencer a las enfermedades infecciosas, y las enfermedades que quedan son tan terribles como el Mal de Alzheimer o el Parkinson...


–Sí, o las enfermedades crónicas, que primero hay que tratar de curar, pero pueden prolongar muchísimo el sufrimiento y eso es horrendo.


–Pero los médicos se oponen...


–Sí, están formados para vencer a la muerte. Los médicos y los sacerdotes son los que más se oponen.


–Aquí la eutanasia está considerada un delito, ¿debería ser un derecho?


–Yo creo que si.


–El argumento es que el Estado dice estar para cuidar la vida.


–Hace unos años en Gran Bretaña una mujer que tenía una esclerosis múltiple y sabía cómo iba a terminar, quería que le concedieran el derecho y que el esposo la ayudara a morir, porque para ella sola era imposible, y se lo denegaron alegando justamente que el Estado está para proteger la vida.


–A partir de las investigaciones sobre el cerebro, una de las disciplinas en auge es la neuroética, que formula preguntas acerca de los límites al "diseño del cerebro".


–Sí, la neuroética atiende las repercusiones éticas y sociales que tiene el manejo del sofisticado conocimiento neurocientífico. Piensen que se está llegando a conocer cómo manipular y alterar la voluntad, el libre albedrío de las personas. También con lo que se sabe de neurotransmisores, fisiología neuronal y mecanismos bioquímicos se puede modificar con fármacos la química del cerebro en personas sanas, para potenciar funciones cognitivas como tener más memoria, atención, regular el estado de ánimo o el sueño.


–Serían algo así como anabólicos para la mente..., y en este caso, ¿por qué no sería ético?


–No lo tengo del todo claro. Pero sin duda es muy controvertido, hay muchos argumentos tanto a favor como en contra, sobre todo porque implica tocar la naturaleza más íntima del ser humano.


–¿A que se dedican en el Colegio de Bioética?


–Somos un colectivo autónomo, es decir, no tenemos que pedirle permiso a nadie para opinar. Lo constituimos médicos, biólogos, filósofos, abogados, sociólogos y psicólogos. Surge para hacer un contrapeso a una bioética con mucho peso en México, que para nosotros es la confesional. Dialogamos permanentemente con instituciones y somos consultados como peritos expertos en diferentes ámbitos. Nuestro compromiso es llevar estos temas al centro de la sociedad, desmontar los autoritarismos con razones. Entre nuestros miembros hay destacados y reconocidos científicos, su renombre es el principal capital de nuestro grupo. Formamos una Red Iberoamericana de Bioética y buscamos dedicarnos a los temas de la región.


–Y, según su experiencia, ¿los políticos se interesan en temas de bioética? ¿Se cargan al hombro estos debates?


–Sí, en México están conscientes de la importancia. La Suprema Corte promovió, por ejemplo, la reciente discusión acerca del aborto. Hay jueces abiertos y otros no tanto. Los legisladores también admiten que tienen que saber de bioética.


–Sí, muchas veces las cortes supremas van por delante de la legislación y sientan jurisprudencia ante un caso. Por otro lado, según la experiencia en México, ¿sirven para algo los comités de ética?


–Hay de dos tipos, los de investigación y los hospitalarios. Los de investigación revisan y opinan antes de cada investigación. Los investigadores quieren hacer ciencia, y lo que se busca con esos comités es que estén debidamente representados los derechos de las personas involucradas en la investigación. Y los hospitalarios ayudan a resolver dilemas que se plantean en la atención hospitalaria. Sólo asesoran. Ambos tienen la función de ayudar a aprender la ética, la verdad es que en términos generales recién estamos empezando con este tipo de reflexión...


–¿Se puede detener una investigación?


–Sí, pero es complicado, una vez que prohíbes algo también lo fomentas.

Ser o no ser. Video que muestra al supuesto Antonini Wilson




Una luz roja en la infancia

Un estudio entre alumnos de facultades públicas y privadas, realizado por la Facultad de Filosofía y Letras, revela que casi el 10 por ciento de los/las estudiantes sufrió abuso sexual en la niñez, muchos por parte de familiares.

Mariana Carbajal

Casi un 10 por ciento de estudiantes de universidades públicas y privadas de la Ciudad de Buenos Aires reconoció que sufrieron algún tipo de abuso sexual antes de los 19 años por parte de un adulto de su entorno familiar o desconocido, según surge de la primera encuesta sobre experiencias traumáticas en la infancia y la adolescencia realizada en el país sobre una muestra de 2750 personas: desde manoseos hasta sexo oral y coito. El número de mujeres que respondieron afirmativamente duplica al de varones. En más de la mitad de los casos, el abuso ocurrió en la propia casa de la víctima o en la de sus abuelos. Al 44 por ciento de estudiantes que fueron abusadas/os, el hecho lo afectó entre "mucho" y "muchísimo".

El relevamiento fue realizado por el Programa de Investigación en Infancia Maltratada de la Facultad de Filosofía y Letras, que encabeza la socióloga María Inés Bringiotti, presidenta de la Asociación Argentina de Prevención del Maltrato Infanto Juvenil (Asapmi). Los resultados fueron presentados este fin de semana en el II Congreso Internacional de Violencia, Maltrato y Abuso, organizado por Salud Activa, en el que participaron reconocidos expertos del país y extranjeros.

"Es una luz roja", consideró Bringiotti sobre los resultados obtenidos. "Muchas de las personas encuestadas que sufrieron abuso sexual en su infancia estaban pidiendo a gritos terapia", agregó.

La muestra respetó, explicó Bringiotti, el porcentaje de matriculados de cada una de las áreas definidas por la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau): Ciencias de la Salud, Básicas, Aplicadas, Humanas y Sociales. También la proporción de estudiantes de universidades públicas y privadas. El 80 por ciento pertenece a la UBA. En una segunda etapa, ya en curso, la encuesta apuntará a relevar los casos de abuso sexual infantil en la población general de la Ciudad de Buenos Aires. Es el primer estudio de prevalencia del Abuso Sexual Infantil (ASI) en la Argentina con una muestra de esas características.

Del total de encuestados, el 9 por ciento respondió que había sufrido algún episodio de abuso sexual en su infancia o adolescencia: 11,9 por ciento de mujeres y 6,1 por ciento de varones. En cuanto a los abusadores, las respuestas fueron muy repartidas: madre (1%); padre (2%); abuelos (5%); hermanos (6%); primos (6%); padrastro/novio madre/hermana (7%); otros parientes (26%); conocidos (26%); profesores (4%, 1 caso mujer, los otros varones); extraños (32%).

Hay pocos relevamientos a nivel nacional en el mundo para conocer la prevalencia del ASI en la población general. Uno de ellos se hizo en España, en 1995, y encontró un 15 por ciento de habitantes que habían sido víctimas de ASI, en sus diversas modalidades, indicó Bringiotti. En poblaciones específicas, precisó la presidenta de Asapmi, se conoce un estudio sobre estudiantes universitarios del País Vasco, también de 1995, que detectó ASI en 14 por ciento de encuestados y otro entre universitarios de Cataluña en 2007, donde el porcentaje detectado fue algo superior, de casi el 18 por ciento.

Los tipos de ASI referidos por los estudiantes universitarios de la Ciudad de Buenos Aires van desde toqueteos hasta relaciones sexuales con penetración. En algunos casos se combinan varios. El 70 por ciento de quienes fueron abusados describieron manoseos; en el 28 por ciento, propuestas. En estos dos casos, la mayor proporción correspondió a mujeres. Señalaron haber sido sometidos a sexo oral el 11 por ciento –en porcentajes similares de ambos sexos–; el coito fue apuntado por el 7 por ciento: el doble de mujeres que de varones. Un 9 por ciento indicó "otras formas" de ASI.

Más de la mitad, padeció la situación de ASI entre una y cuatro veces. El 13 por ciento entre 5 y 10 veces, y un porcentaje levemente inferior, 11 por ciento, más de diez veces.


¿Dónde ocurrieron los abusos?


- 25 por ciento en la propia casa.


- 29 por ciento en casa de abuelos.


- 25 por ciento en la calle.


- 20 por ciento en otros lugares (club, natatorio, boliche, casa de profesores, casa abandonada).

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Bringiotti destacó que la amplia mayoría (62% de quienes admitieron haber sufrido ASI) no pidió ayuda. Sólo el 22 por ciento pidió ayuda y recibió una atención adecuada, agregó la especialista.

Vergüenza, miedo y angustia fueron los sentimientos que recordaron que les provocó el ASI. Un tercio negó el hecho. "Casi un 10 por ciento nos pusieron como comentario en el cuestionario que habían podido definir que se habían tratado de situaciones de abuso sexual mucho tiempo después de haberlo sufrido. Recordaban que no les gustaba, por ejemplo, cuando el abuelo los bañaba y les metía las manos en los genitales. Algunos las descubrieron recién en terapia. Otros contaron que hablaron con algún hermano y encontraron que había otras situaciones de promiscuidad en la familia", indicó Bringiotti. Enojo y odio fueron otros sentimientos mencionados con más frecuencia por los afectados. Y, en mucha menor medida, asco y culpa.

La encuesta preguntó qué impacto había tenido en sus vidas el ASI en una escala que fue de "nada" a "muchísimo". Al 26 por ciento le impactó "mucho"; al 18 por ciento, "muchísimo". Sólo el 9 por ciento respondió "nada". Y el 17 por ciento, "poco".

Los paraísos gozan de buena salud. La lista negra de plazas offshore sigue sin limpiarse. La OCDE es muy flexible en sus categorías.

La Red de Justicia Social, una reconocida ONG inglesa que trabaja para eliminar la opacidad financiera global, elaboró un ranking de paraísos fiscales con criterios más estrictos que los de la OCDE. Así se muestra que las offshore siguen operando
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El 90 por ciento de los depósitos en moneda extranjera del sistema financiero uruguayo es argentino.


Por
Tomás Lukin
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¿Qué tienen en común el estado de Delaware, Luxemburgo, Suiza, Islas Caimán y Londres? Son las cinco jurisdicciones que encabezan la lista negra de paraísos fiscales elaborada por la Red de Justicia Social (TJN, por sus siglas en inglés). La ONG inglesa diseñó un índice de opacidad financiera para brindar una alternativa a los cuestionados estándares de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). La laxitud de los criterios de esa organización permitió que sus listados de enclaves offshore se vaciaran rápidamente luego de su publicación. Uruguay, Costa Rica, Filipinas y Malasia, que habían logrado quedar fuera del grupo no cooperativo elaborado por la OCDE, forman parte de este nuevo ranking. El país vecino se ubica en el puesto 29 de la tabla de TJN.

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El índice elaborado por esa ONG combina dos perspectivas: una cualitativa y otra cuantitativa. La primera estudia las regulaciones, leyes y tratados de las jurisdicciones para elaborar un índice de opacidad. El segundo aspecto pondera el tamaño del paraíso y su importancia para los mercados financieros globales. Así, Singapur, Bélgica, Irlanda y Hong Kong ocupan lugares más altos en el ranking que otros populares refugios fiscales como Bahamas, Panamá o Islas Vírgenes. Sin distinción, la OCDE considera que todos estos paraísos cumplen con los más altos estándares de transparencia.

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El primer puesto puede llegar a confundir: "La mayoría de la gente nunca consideraría a Delaware a la altura de Bermudas, Mónaco o las Islas Caimán", reconocen en TJN. Sin embargo, el segundo estado más pequeño de Estados Unidos ofrece grandes beneficios impositivos a las empresas radicadas en su territorio que lo llevan a lo más alto del podio. La mitad de las firmas que cotizan en Wall Street están radicadas allí y en un solo edificio en Wilmington. La ciudad más importante es el domicilio legal de 200 mil compañías norteamericanas. Algo parecido ocurre en Islas Caimán, donde existe otro edificio que alberga a doce mil empresas basadas en Estados Unidos.

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El mundo offshore fue señalado como uno de los responsables de la crisis financiera internacional, y el comunicado final de la cumbre del G-20 de abril sentenció el fin de la era del secreto bancario. Pocos avances se registraron hasta la fecha. TJN estima que los paraísos "custodian" alrededor de 11,5 billones de dólares. Los países periféricos sufren un éxodo de entre 800 mil millones y 1,1 billón de dólares al año de flujos ilícitos. Los gobiernos alrededor del mundo se pierden de recaudar alrededor de 250 mil millones de dólares.

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Uruguay se ubica en mitad de tabla gracias al secreto bancario, la ausencia de un registro público de las sociedades financieras y su negativa a aplicar las regulaciones internacionales. "Están muy lejos de ofrecer transparencia financiera. Uruguay es ampliamente utilizado por compañías multinacionales asociadas a jurisdicciones con bajos o nulos impuestos", sostiene el informe de TJN. El 90 por ciento de los depósitos en moneda extranjera del sistema financiero uruguayo es argentino.

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Dentro de los criterios de la OCDE, la AFIP firmó una serie de Acuerdos de Intercambio de Información Impositiva (TIEA, por sus siglas en inglés) con Andorra y Mónaco y planea suscribir nuevos tratados con Islas Caimán y Antillas Holandesas. Así, el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, pretende complicar y desestimular operaciones de los "grandes operadores económicos" con esas jurisdicciones, generando algún tipo de impacto positivo sobre la recaudación. Al mismo tiempo busca presionar a Uruguay a partir de la multiplicación de acuerdos con los paraísos más emblemáticos para que acceda al intercambio de información. Sin embargo, la firma de esos tratados no asegura el flujo de datos. Jersey, una pequeña isla británica, firmó en 2001 un TIEA con Estados Unidos. La principal economía del mundo sólo consiguió cinco respuestas positivas a sus reclamos. Por eso, TJN reclama que el intercambio de información impositiva sea automático y multilateral.

Para las damas que no miran por tv

Marta Dillon
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Ahora que el famoso chúpenla ha quedado impreso en remeras y el espanto de los medios y de oyentes y televidentes bienpensantes se ha volcado hacia actores más vulnerables de la sociedad –ver nota de tapa para más datos– que el técnico de la selección nacional, se podrá agradecer a Diego ese gesto de caballerosidad que tuvo antes de escupir su guarangada, cual si tendiera un mantón para que el gracioso pie femenino no tenga que ensuciarse con barro. "Con perdón a las damas", dijo el 10, tal vez con un dejo de conciencia sobre la carga sexista de su expresión, tal vez con la seguridad de que habría mujeres por aquí y por acullá con el corazón todavía acelerado por el espantoso destino que acabábamos de trocar: estábamos en el Mundial. Sí, en plural, porque así es la retórica del fútbol y si no vas a pensar en plural mejor ni asomarse a la superficie verde de la cancha (breve digresión: también cabe agradecerle al diez que no haya dicho "me la" y que haya pasado a un genérico al que cada quien pondrá su propia imagen inventando en el mismo acto un festejo íntimo y por demás exquisito para después de la clasificación). Efectivamente, aunque no necesitamos ese pedido de perdón paternalista, estábamos ahí. Y sobre todo, estamos en la cancha. Quien más, quien menos, claro; a los varones tampoco les gusta el fútbol por definición y vaya si sufren los desencantados con la redonda por la marginación constante en los recreos de la escuela. Pero ahora, no por suerte si no por militancia de algunas, por perseverancia de otras, por puro entrenamiento y sudor camiseta de la mayoría, los límites si no borrados, empiezan a difuminarse. ¿Pecaré de optimista? Mi nieta de dos y medio desafiándome a penales en el patio de casa me deja habilitada –vaya exhibición de lenguaje futbolero–. Y haber conocido a Mónica Santino conjura para siempre la posibilidad de quedar en offside –ay, la tentación por la metáfora–. Mónica es una militante del fútbol. Ella es el aliento detrás de ese campeonato que con el romántico título de Abrazo de Gol se juega cada domingo en el barrio de San Telmo y donde el marcador desborda con una cantidad de tantos que los partidos parecen de básquet. Y no es por impericia de las jugadoras que los arcos queden liberados, es por concentración, porque la cancha les queda chica, porque detrás de la competencia lo que late es la pasión de las proscriptas. Mónica empezó a jugar al fútbol, como la mayoría, cuando era una nena, a esa edad en que todavía no importa que se te vea la bombacha o que el pelo te cuelgue desgreñado de una hebilla mal puesta. Para una chica que ha cruzado los cuarenta, los recuerdos de la infancia todavía anidan en la calle, y allí había que buscarla todas las tardes, si la mamá la necesitaba para cualquier cosa. Claro que con los años empezó a importar que no se sentara con las piernas tan juntas, que insistiera en potrear con varones y que se escondiera abajo de la cama para ver el partido al mismo tiempo que su padre. Entonces empezó a lidiar con el mote de machona y hasta le dio vergüenza darse cuenta de que le gustaban las chicas. Porque machona + lesbiana daba en la ecuación del sentido común deseo de ser hombre. Y nada más lejos de su deseo. Pero Mónica, aguerrida jugadora, abrió sus propios espacios: encontró un club donde las mujeres todavía eran una rareza, un grupo de militancia donde aprender que ser lesbiana no lo era y cuando se sintió fuerte volvió a su pasión de multitudes: el fútbol. Jugó –juega–, aprendió a enseñar, entendió que el deporte, ese deporte de grupo que habilita los abrazos, que hiere de muerte al tiempo muerto, que hace latir el corazón al ritmo de las piernas, podía ser una herramienta para esas chicas que, en los barrios populares, creen que no hay paraíso posible para ellas. A través del fútbol, de formar nenas y adolescentes, Mónica habilitó también la palabra en esos barrios y supo transmitir que el poder no es sólo algo que se soporta si no también esa chance de abrir grietas en universos tan cerrados como los que construye la pobreza. La última vez que la vi, peleaba por mantener su espacio dentro del Centro de Mujeres de Vicente López, ahí donde se trabaja en contra de la violencia de género de maneras diversas. Ahora la sigo a través del blog del campeonato, Abrazo de Gol, que termina este domingo con cuatro equipos peleando la final. Y muero por anotar a mi nieta en ese club de fútbol para mujeres con el que ella viene soñando hace rato, porque es seguro que lo va a fundar.

Denuncias de "maltrato" y "humillación" en el neuropsiquiátrico Borda.

Al referirse a la situación del Hospital Borda, los autores advierten que los pacientes pueden pasar "horas y horas bajo contención", atados, sin ser atendidos; afirman que existe una especie de "shopping, donde los profesionales eligen para que no les metan un paciente problemático", y señalan el "aprendizaje vivencial" que el paciente efectúa "cuando un enfermero lo levanta a los gritos para insultarlo".


Verónica Hollmann y Juan Pedro Iribarne

"La admisión es un infierno", se escucha frecuentemente entre los pacientes. Y sí, arde, quema, arrasa como el fuego con la subjetividad del paciente y lo somete a una nueva cultura: la manicomial. Un paciente ingresa en la guardia del Hospital Borda. Es probable que haya ingresado por los poco precisos diagnósticos de "descompensación psicótica", "alcoholismo crónico", "ideación suicida", entre otros. Esta persona llega, en el mejor de los casos con una familia contenedora, o, en el peor de los casos, en un móvil policial, con personas que no están preparadas para lidiar con estas crisis, y no sería raro que haya recibido alguna golpiza. El paciente es llevado a la guardia, donde se realiza la entrevista psiquiátrica; en muchas ocasiones, la bienvenida es un medicamento inyectable. A partir de ahí es derivado al servicio de admisión: servicio de arrasamiento subjetivo por excelencia. Al llegar a la admisión, se le retiran las pertenencias, que van a parar al depósito hospitalario; no se le permite ver a los familiares, que a esta altura están angustiados, perplejos y con miedo de dejar a su ser querido en este lugar. Estos familiares, en la mayoría de los casos, no reciben contención verbal. Se pueden escuchar diálogos donde el familiar dice: "... Bueno, le dejo una toalla, un cepillo de dientes, algo para que se higienice", en un intento de mantener hábitos que el paciente venía sosteniendo. "Sí", se le responde, pero, a poco de ingresar, sus pertenencias desaparecen.

Eran las pertenencias que lo ligaban con su cotidianidad. A largo plazo desaparecerán también los hábitos adquiridos, en un proceso de desculturización. Los referentes identificatorios se van esfumando: corte de pelo compulsivo, ropa que no elige; no hay espejos ni relojes, puede pasar días sin mirarse y sin saber día y hora. Así se abre paso una nueva enfermedad: la enfermedad institucional.

A veces se aplica la contención física, método que anula por completo el decir del sujeto. Si bien en algunos casos puede ser necesaria para que no se lastime, pueden pasar horas y horas bajo "contención" –si tiene la mala suerte de ingresar un fin de semana– sin que nadie le pregunte sobre su padecer. Es usual escuchar gritos, dada la violentación institucional que sufren estos pacientes, lo cual lleva a más medicación. Todo esto sucede mientras los enfermeros, en ocasiones, juegan al truco al lado de la sala de contención.

Si uno ingresa en el servicio, puede ver expresiones de perplejidad en los rostros de los pacientes; confusión, miedo, mientras deambulan en círculo en un espacio enloquecedor. Condiciones estas que llevaron a un paciente, a causa de su delirio, a calmar el sufrimiento del compañero que, "contenido", gritaba, asfixiándolo con una almohada hasta matarlo. Este paciente fue judicializado. Pacientes muertos, llevados en tablones por otros compañeros, se ven por el hospital, tapados con una frazada rota, tratando de que no se caiga; partes de este cuerpo que estuvo muerto para muchos, antes de la muerte física, cuelgan del tablón. Y bueno, total, como escuchamos decir por televisión al director del hospital, "siempre se muere algún paciente". Desde la más alta jerarquía del hospital quedan naturalizadas las prácticas más aberrantes.

El servicio de admisión, por ser un lugar cerrado, también es usado como servicio de castigo. La frase "el que se porta mal va a ir a parar a admisión" es de uso común. En la misma admisión se ha escuchado: "Si seguís jodiendo te doy electroshock". Y por si esto fuera poco, esta crónica delirante sigue.

Si se decide que el paciente pase al interior del hospital, el siguiente paso en el arrasamiento subjetivo es el shopping de pacientes. Sí, en el Borda también hay shopping. En lugar de productos, se eligen personas. Para el profesional, lo mejor es conocer a alguien en admisión, para que no le metan "un caño": un paciente problemático, ya sea por su situación legal, sus conductas o sus pocas posibilidades de externación, que baja el promedio del giro-cama. Es frecuente escuchar frases como: "Yo soy amigo, así que me da algo bueno, un psicótico tranquilo, con familia". También son comunes los intercambios de mercancías, del estilo de: "Me llevo dos psicóticos y te dejo un adicto". O se puede escuchar: "Esperame hasta mañana que tengo uno bueno pero le falta".

Luego de ser elegido para un servicio, de las características de éste dependerá en gran medida la duración de su internación. Una internación puede durar un mes o varios años. En primer término, se le realizará una nueva entrevista de admisión. Esta debería ser interdisciplinaria, pero la gran mayoría son realizadas exclusivamente por psiquiatras. Cualquier persona con cierto sentido común supondría que se realiza en un consultorio cerrado, con una cierta intimidad y contención, donde el paciente pueda contar, nada más ni nada menos, qué lo trae por el hospital, relato generalmente cargado de angustia, confusión, bronca, enojo, depresión y otros sentires. Sumado a la crisis que llevó al paciente a ser internado, son esperables cierto temor y confusión sobre cómo será la internación, con toda la representación social alrededor de lo que es un manicomio, en este caso el Borda. Lo más lógico sería explicarle al paciente en qué servicio está, cómo va a ser su tratamiento, con qué actividades cuenta el servicio, mostrarle su cama y las instalaciones, presentarle a sus compañeros, asignarle un tutor que lo acompañe en los primeros días, explicarle las reglas de convivencia y demás cuestiones.

Pero la entrevista es generalmente un interrogatorio cuasi-policial plagado de preguntas, a veces de tal forma que la siguiente pregunta se superpone a la respuesta del paciente a la pregunta previa. En la entrevista puede haber hasta cinco psiquiatras, de estricto guardapolvo blanco, con una mesa de por medio, enfrentados –en los múltiples significados de la palabra– al paciente. Por supuesto que los entrevistadores se reservan el derecho de atender su teléfono celular y hablar a los gritos por sobre el discurso del paciente, discutir la medicación de otra persona, interrumpir, levantarse y salir del consultorio. A su vez, cualquier profesional del servicio tiene derecho a entrar y salir del consultorio u office donde se esté haciendo la entrevista. El paciente no recibirá ningún tipo de explicación sobre su situación ni sobre su internación, excepto cuando se trate de un paciente internado bajo juzgado penal, al que se le advierte que tiene prohibido salir del hospital. Las preguntas sobre los síntomas no suelen realizarse con la mayor sutileza:

–¿Y escuchás voces?

–No.

–¿Seguro?

–Sí.

–¿Y pensás que alguien te persigue?

–No.

–Bueno, no te escapes, eh.

Cuando el paciente crea que el suplicio de la entrevista de admisión finalmente terminó, se llevará la sorpresa de que puede repetirse ad aeternum, según el interés o dudas que su caso genere en los psiquiatras. Un mismo paciente puede tener hasta seis o siete entrevistas de admisión: un zoológico donde lo visitan estudiantes de diferentes carreras en diferentes universidades, arrasando su intimidad. Ya está instalado el poder psiquiátrico, ya está a merced de quien tiene en sus manos la decisión más importante para él: cuándo puede irse de este infierno. Es por esto que nunca se niegan a estos interrogatorios. Franco Basaglia lo explica muy claramente cuando dice: "En los manicomios cerrados el enfermo pregunta '¿Cuándo vuelvo a casa?' y el médico responde: 'Mañana'. Esta es la respuesta que quien tiene poder da siempre al oprimido" (La condena de ser loco y pobre. Alternativas al manicomio, Ed. Topía, Bs. As., 2008; Página/12 publicó un fragmento hace dos jueves).

Cuando salga de la entrevista deberá apelar a la solidaridad de algún compañero, de los que por suerte nunca faltan, que le cuente medianamente algunas mínimas cuestiones del servicio. Para conocer las reglas implícitas del mismo, siempre estará la irremplazable experiencia del aprendizaje vivencial: cuando un enfermero lo levante a los gritos para insultarlo por cambiarse de cama o porque no se levantó para tomar la medicación o porque no se bañó. Otro ingrediente de las lógicas manicomiales: la infantilización del paciente, en el marco del maltrato y la humillación.

Métodos para interrumpir un debate pendiente

Grupos conservadores intentan frenar la discusión sobre el aborto con denuncias, amenazas y presiones

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Un juez echado de la UCA. Médicos desplazados. Legisladores y concejales amenazados. Denuncias con argumentos falaces. Cómo los grupos autodenominados "pro vida" y otros sectores ultras intentan evitar que se amplíe el debate sobre el aborto.

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Mariana Carbajal

Un juez de un alto tribunal del país fue echado de la Universidad Católica Argentina (UCA), donde se desempeñaba como profesor de un posgrado en Derecho Administrativo, como consecuencia de haber avalado en un fallo la realización de un aborto terapéutico, no punible, claramente contemplado en el Código Penal. Un cirujano y ginecólogo pampeano fue desplazado del principal hospital de Santa Rosa donde se desempeñaba, tras promover la realización de ligaduras tubarias sin obstáculos arbitrarios y apoyar la práctica de abortos no punibles sin exigir una autorización de la Justicia. En Rosario, los concejales que aprobaron una declaración que pide al Congreso que debata los proyectos que legalizan la interrupción voluntaria de embarazo (IVE) recibieron fuertes presiones y amenazas de muerte de grupos antiderechos vinculados a la Iglesia Católica. Son algunos ejemplos, recogidos por una investigación de Página/12, de los mecanismos que usan los sectores más conservadores para intentar impedir el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos en el país y censurar la apertura de un debate amplio en torno del problema del aborto en la Argentina: presionar, hostigar, denunciar y sancionar –sin dejar por escrito la razón– a quienes respaldan el acceso al aborto, incluso cuando la IVE está dentro del marco de la ley vigente, y también apelar a fuentes poco calificadas para sostener sus posiciones son dos de las estrategias que vienen desarrollando en el país, junto con la presentación de amparos en distintos tribunales para prohibir la distribución de anticonceptivos.

"Hay intentos de los sectores fundamentalistas para frenar el debate. Estos grupos utilizan mecanismos democráticos como recursos de amparos y denuncias para impedir el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos y el debate del aborto. A nosotras nos quisieron silenciar", contó a Página/12 Marta Alanís, coordinadora de Católicas por el Derecho a Decidir-Córdoba e integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

En 2004, CDD-Córdoba fue notificada de una denuncia presentada por el abogado Jorge Scala ante la Dirección de Inspección de Personas Jurídicas, con el objetivo de que se cancelara la personería jurídica de la que goza desde 1998. Scala lo hizo en su carácter de representante legal de Portal de Belén y Asociación Civil Mujeres por la Vida, agrupaciones autodenominadas "pro vida" que a comienzos del año 2003 hicieron suspender la vigencia del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable y mantienen abiertas varias causas en la Justicia cordobesa en las que reclaman que se declare inconstitucional la entrega gratuita de anticonceptivos y se prohíba también su comercialización. Scala cuestionó dos de los objetivos de la entidad definidos en su estatuto: el que se refiere al compromiso de la organización por "esclarecer a la sociedad sobre la responsabilidad y el derecho de las mujeres a una maternidad escogida y deseada", y el que se propone "profundizar la discusión en relación con la interrupción voluntaria del embarazo, ampliando el debate con relación a los aspectos médicos, legales y principalmente éticos". CDD fue obligada a defenderse. En la pulseada, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, encabezada por Eduardo Luis Duhalde, pidió a la Dirección de Inspección de Personas Jurídicas que no hiciera lugar al pedido. Finalmente el planteo de los grupos antiderechos fue desestimado.

Ahora la persecución la sufre una integrante de la comisión directiva de CDD-Córdoba, la médica tocoginecóloga y docente universitaria, ex directora del Hospital Rawson de la ciudad mediterránea Gladys Ponte. Fue denunciada a fin de 2008 por supuesta mala praxis por defender el uso del DIU acorde con la OMS. Ponte es coordinadora del Curso de Posgrado en Derechos Sexuales y Reproductivos con Perspectiva de Género que lleva adelante CDD en alianza con la Facultad de Ciencias Médicas de Córdoba desde hace cuatro años. En la última clase del año pasado, una médica que no era alumna la presenció, y expresó su disidencia en cuanto a los criterios para el acceso al DIU. Ponte tuvo que presentar descargos ante el decano de la Facultad de Ciencias Médicas y el Tribunal de Etica del Consejo Médico de la provincia.

Los tentáculos de quienes pretenden que el aborto siga siendo un tema tabú son largos. Y aprietan. Lo experimentó un juez de un alto tribunal que daba clases de Derecho Administrativo –ni de Bioética ni de Derecho de Familia ni de Derecho Penal– en un posgrado de la UCA y que después de avalar la realización de un aborto terapéutico en 2005 fue desplazado del cargo académico como consecuencia de su fallo, que no hizo más que respetar el cumplimiento de la ley. El aborto terapéutico lo había solicitado en un hospital una mujer con graves problemas cardíacos y le habían exigido una autorización judicial. El caso estaba claramente contemplado entre los permisos que otorga el Código Penal en su artículo 86 inciso 1º. Pero el magistrado tuvo su dura reprimenda. El episodio fue ampliamente comentado en el ámbito del Derecho Administrativo, especialidad del juez, pero nunca trascendió a la prensa hasta ahora. Meses después lo "desinvitaron" del principal congreso de la especialidad que se realizaba en Buenos Aires. La misma represalia sufrió la jueza de la Suprema Corte mendocina Aída Kemelmajer de Carlucci, conocida por sus posiciones a favor de la despenalización del aborto. Pero por presiones de otros colegas, indignados por la decisión, ambos fueron nuevamente invitados. Kemelmajer no concurrió.

Es también conocido en los círculos médicos el caso de un profesional con larga trayectoria en un hospital privado de renombre de la ciudad de Buenos Aires a quien se le cortó la posibilidad de ascenso hasta la jefatura del servicio por plantear en los medios de comunicación su posición a favor de la despenalización. La nueva conducción que asumió al frente de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Buenos Aires (Sogiba), con Jorge Vinacur al frente, impulsó en 2008 la aprobación –dentro del plan estratégico de la entidad– de un compromiso de apoyar y respaldar a los miembros que fueran sancionados en algún ámbito por hablar del aborto a favor o en contra: no hubo consenso, los votos contrarios fueron mayoría en la comisión directiva. Es otro ejemplo de cómo los sectores conservadores obturan el debate. Sogiba, la principal entidad médica de su especialidad por cantidad de miembros –unos 1500, con un sistema muy restrictivo de ingreso– tiene como responsable de su revista científica y de la página web a un médico catequista, Javier Bidaurreta. Con la nueva conducción, soplan algunas brisas más "progresistas", pero las posiciones de la institución en torno de la anticoncepción han estado históricamente más cerca del Vaticano que de la ciencia y la defensa de la salud de las mujeres. Frente al aborto –-hasta ahora–, siempre ha preferido el silencio.

Enturbiar la posibilidad de una discusión sincera ha sido una de las estrategias de los sectores conservadores, vinculados con la Iglesia Católica. En Rosario, el 21 de agosto de 2008 el Concejo Deliberante aprobó por amplísima mayoría (17 a 3) una declaración por la cual pidió que el Congreso Nacional trate los proyectos que proponen la despenalización y legalización del aborto. Los y las concejales que apoyaron la iniciativa, promovida por la socialista Marisa Pugliani, recibieron amenazas de muerte a través de sus correos electrónicos. Los concejales no pidieron otra cosa que el debate. "Votaste a favor de la muerte y de tu muerte. Así como tengo tu dirección de correo, también tengo la dirección de tu casa y también puedo encontrarte camino al consejo (sic). Es muy fácil", decían los mensajes que les llegaron a sus casillas de e-mail, para amedrentarlos y hostigarlos tras la votación.

Las amenazas se repitieron a diputadas que apoyaban la aprobación de un proyecto presentado hacia fin de 2008 por tres kirchneristas en la Cámara de Diputados de la Nación para clarificar los alcances de los permisos previstos en el Código Penal. El tratamiento quedó finalmente congelado porque no hubo consenso en el bloque oficialista.

El tocoginecólogo y cirujano Fernando Giayetto fue desplazado a fines de julio del Hospital Molas, de la capital pampeana, y enviado a atender a un centro de salud de Santa Rosa. No tiene dudas de que su posición ideológica fue el detonante del confinamiento: Giayetto milita en la organización Mujeres por la Solidaridad, que apoyan la despenalización del aborto. Además, promovió en la provincia la aplicación de la ley de anticoncepción quirúrgica desde el cargo que ocupó como coordinador de Salud Sexual y Reproductiva, realizaba las ligaduras y defendía la práctica de los abortos no punibles sin judicializarlos: entre 2007 y 2009 hubo cinco casos en el Hospital Molas que se resolvieron sin que trascendieran a la prensa. El gobierno de Oscar Jorge finalmente lo neutralizó al designarlo en una salita. Una de las primeras medidas tomadas por el gobernador justicialista al asumir fue vetar una ley sancionada por la Legislatura que establecía un protocolo de atención a los abortos no punibles en los hospitales público. El veto había sido reclamado abiertamente por la jerarquía católica local.

El fin de un cumpleaños

Eduardo Aliverti


No hay ninguna chance de término medio. La excepción son los que están verdaderamente jodidos, sin mayores o ninguna esperanza de mejorar alguna vez su calidad de vida. Los pobres en serio, los marginados en serio. Esos están en su derecho para decir que lo ocurrido les importa nada. El resto, la clase media, los profesionales, los factores de poder, los pequebú, los intelectuales, los que llaman a las radios para opinar de cualquier cosa, los militantes, los tilingos, los estudiantes, los taxistas, los profesores, los empresarios, los laburantes que zafan, los cuentapropistas, tienen que decidir dejándose llevar o pensando un poco.


Entre las opciones para estar muy enojado hay que la aprobación de la ley sumó el voto de un senador tucumano defensor de la dictadura, parece que mandado por el hijo de Bussi para vengarse de que los grandes medios porteños trataran a su padre como el monstruo que es. Y con la correntina parece complicado no sospechar una Banelco, algo menos directa –pero no por eso menos pornográfica– que la determinante, en 2001, para que la banda radical aprobase la ley de flexibilización laboral. También se puede estar iracundo por creer que se acaba la Libertad, y conformarse suponiendo que ser libres es ver TN. Y hay los que, ¿con sinceridad?, creen que deben preocuparse por las cuentas afectadas del negocio periodístico. Se preguntan cómo harán Clarín y algún otro para desprenderse de tantas licencias de radio y televisión que les sobran, en el plazo que Clarín les vendió como tan corto. Y hay los que no le otorgan legitimidad a esta composición del Congreso, porque interpretan que la vida empieza el 10 de diciembre. Son los que no dijeron nada cuando bajo la rata se permitió a las grandes patronales de la prensa escrita cooptar emisoras de radio y tevé. Menos dijeron, desde sus provincias, cuando la bajada del satélite les acaparó sus ondas desde Buenos Aires (qué hubieran podido decir, como no remitirse a lo felices que están desde entonces, moviendo una palanca, para receptar por unos pocos pesos las programaciones porteñas, cuya futura y parcial falta descubren ahora como una afectación del federalismo...). Todos esos tienen que enojarse. Algunos porque son conscientes de que efectivamente hay, o puede haber, una amenaza para sus intereses. Y otros porque sienten que esos intereses son sus necesidades.


Entre los que encuentran motivo para contentarse, hay los que se preguntan si esto será bueno pero tienen claro que no será peor de ninguna manera. Los que interpretan que la Banelco real o eventual de canje de favores es hecho accesorio y no principal (tampoco hacía falta, vistos los números finales). Hay los que advierten que detrás de poner en escena esa banelquización, o las patoteadas de Guillermo Moreno en Papel Prensa, se esconde la operación corporativa de desviar el eje. Hay los que asumen que ese eje es una ley mediática superadora de los Kirchner, porque, así rija la incertidumbre sobre las causas profundas que los llevaron a librar esta lucha, se la gana sobre un Poder en serio que no es el de "los políticos". Hay los que toman como una falta de respeto hablar de una "ley K". Porque esos ignorantes deberían saber, por lo menos, que esta herramienta es el producto de muchos años y mucha gente que peleó y aportó para cambiar un mapa mediático concentrado en manos cada vez más poderosas. Muchos años. Tantos como los que llevan las Banelco de los emporios periodísticos, luego multimedios y ahora megacorporaciones de negocios múltiples, en su incansable tarea de impedir que se derogase la ley militar, o en corregirle los aspectos que no los beneficiaban. Son ellos los que hoy vienen a hablarnos de que faltó tiempo de debate. Son ellos los que cedieron a todas y cada una de las presiones de la gran prensa para no promover proyecto alguno, a cambio del favor periodístico. Son ellos los que jugaron la plata del fútbol en la ruleta de las AFJP, para venir a decirnos que está en juego la libertad de expresión. Son ellos los que no asistieron al debate en Diputados. Son ellos los que accionarán en la Justicia para seguir amparados bajo la ley de Videla.


Y resulta que se oponen a la nueva por las sospechas que despiertan los K. Si ese argumento es válido, lo es tanto como el hecho de que los generales mediáticos descubrieron la corrupción kirchnerista en marzo último, cuando se presentó el anteproyecto. Pero es extraordinario todo lo que siguieron descubriendo cuando encima se les cayó el fútbol. Antes de eso, si había corrupción mejor que no se notase porque fue el gobierno de Kirchner quien les renovó sus licencias por veinte años. Y si no lo hacía, no quieran saber toda la corrupción que habrían descubierto antes. Si los razonamientos son ésos; si lo que debe reinar es la prevención frente al autoritarismo gubernamental y su apetito por controlar los medios, entonces hablemos también del hambre de un resto que se conoce igualmente. Porque, si es por antecedentes, hay que sentirse escandalizado en su conjunto. Hubo que escuchar a los representantes de la dictadura mediática más extravagante del país, el emirato de San Luis, refugiarse en la protección de la libertad de prensa. Como hubo de registrarse, en la cita del régimen federal violado y de la ausencia de algún instrumento que controlase la pauta publicitaria oficial, a representantes de las prebendas de los estados provinciales, que sostienen la sección de las programaciones locales en trueque por el favoritismo político-electoral. Del resto, para no gastar en producciones propias que resignifiquen el acervo social y cultural de sus aldeas, se encarga la palanquita que baja los canales y las AM y FM de Capital para que el interior no se pierda detalle de los cortes en la 9 de Julio o de los apasionantes debates sobre inseguridad en el conurbano bonaerense.

Se consolidó la posibilidad de un Gran Relato que intenta fijar límites novedosos y desnudar cinismos. Como lo señaló Ricardo Forster en su homenaje al enorme Nicolás Casullo, de cuya muerte se cumplió justo un año, esto forma parte de una anomalía que se opone a las repeticiones de lo mismo. Los detalles a ajustar son apabullantes, pero está transparente que si nada concluyó hay algo que puede empezar. Dar la batalla por un discurso menos hegemónico, competir en la producción de realidad con nuevos actores, que las organizaciones sociales tengan sus radios, que haya formación intelectual en los profesionales de los medios y que sus prerrogativas deban ser respetadas, que no desaparezcan ni caras ni voces pero que puedan aparecer otras. Lo resume mejor esa frase serratiana de preferir al sabio por conocer que a los locos conocidos.Aunque, para el caso, la única locura que se conoce es la de quienes no hacen otra cosa que dejar las cosas como están. Los que queremos cambiarlas, estamos un poco mejor. Peleamos, y esperamos, 26 años.

Vulnerables

Buena parte de la retórica que se puso en juego a partir de la expansión de la pandemia de gripe A toca de manera especial a las personas que viven con vih. No sólo porque este nuevo virus podría afectar su salud, sino porque actualiza viejos estigmas que, paradójicamente, gozan de buena salud.

La reiteración de la palabra "virus". La retórica del miedo que se acumula entre el recuento diario de muertes y un reflejo arcaico frente a lo desconocido. La expansión de la paranoia, las teorías conspirativas; la incredulidad, también, frente la posibilidad de que esto –la pandemia de una nueva cepa del virus de la gripe– esté pasando. La necesidad de ubicar un culpable: el virus y el código alfanumérico que lo identifica no son suficientes, los culpables necesitan nombre y apellido, al menos un rostro humano, un "tipo" de rostro humano, en el mejor de los caso, que no se parezca al propio. Todo esto que se enumera a vuelo de pájaro, primera impresión después de una tarde de televisión, tiene reminiscencias claras para quienes vivimos con vih. Hay cierto déjà vu en estos discursos e imágenes omnipresentes en estos días. Nosotros, más allá de la época en que cada cual se haya infectado con el virus del vih (esta sigla ahora hasta parece un anacronismo o un error de tipeo), sabemos qué fácil es convertirse en una amenaza para los otros o las otras, aun cuando la amenaza sea un microorganismo que no lleva nuestro nombre sino el propio. Nosotros, nosotras, sabemos del temor a la enfermedad y la muerte. Aun cuando los tratamientos hayan aplazado ese fantasma, su presencia es un vaivén que a veces acaricia de improviso. Sabemos, además, cuán fácil es enmascarar la disciplina moral en razones científicas: no bebas, no fumes, no cojas, no beses, no consumas drogas. O mejor: no cojas con personas que tienen vih, ninguna práctica tiene riesgo cero –¿algo en la vida tiene riesgo 0?–, etc., etc. De alguna manera, este bagaje podría convertir a las personas que vivimos con vih en una especie de Viejo Vizcacha, al menos frente a los discursos del pánico. Por mi parte, cuando tuve la primera noticia sobre la gripe A (H1 N1) y leíamos en rueda de amigos las normas de prevención, esperaba que la enumeración llegara a donde llegó: evitar el contacto con otros, no besarse. Como si el beso fuera en sí mismo peligroso, como si lo que hubiera que decir –que el virus de esta gripe se transmite muy fácilmente cuando se toma contacto con las secreciones de una persona que haya enfermado– fuera tan complicado que resulta mejor arrasar con una costumbre amorosa antes que dar las explicaciones del caso. Es curioso, se promueve la desconfianza hacia los otros cuando en realidad el cuidado mutuo y la responsabilidad social son las herramientas más valiosas para enfrentar una pandemia. Y no deja de ser curioso, también, que esas cosas que –las más de las veces– aprendimos dolorosamente quienes vivimos con vih otorguen tan pocas herramientas frente a esta nueva pandemia. Tal vez la experiencia sea apenas una brújula díscola en medio de un mar de miedo. De valor relativo, claro, cuando se toma conciencia de que todos aquellos estigmas que se imprimieron durante las peores épocas de la crisis del sida (¿habrá pasado esa crisis?) permanecen como callos que la mayoría de las veces no se sienten pero cuando se los fuerza, duelen.

Las personas con vih, en tanto inmunocomprometidas, son (somos) más vulnerables a las complicaciones que pueda acarrear infectarse con el virus de la gripe A. Es nuestro derecho, entonces, tomar una licencia por 15 días para prevenir esas posibles complicaciones. Pero, claro, esta chance está ligada a las posibilidades de develar su diagnóstico que cada uno o cada una tenga en su trabajo. Pocas, claro. Menos ahora, época en la que claramente un trabajador o trabajadora con vih es una persona incómoda, de hecho ya podría faltar quince días seguidos a su lugar de trabajo. La vigencia de aquellos estigmas, entonces, se actualiza. Y también la de los viejos temores a la enfermedad y la muerte. Con experiencia, sí, pero vulnerables...

La chiqui y Honduras

Sandra Russo

Dice Mirtha Legrand que ella estaba esperando ansiosamente que hablara la Presidenta después de la derrota electoral, pero que cuando salió, habló de Honduras. "A mí qué me importa Honduras", reflexionó en cámara la Señora, la más Señora de todas las Señoras Argentinas. A la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en cambio, Honduras le importa tanto que ha decidido acompañar al presidente Manuel Zelaya en su regreso a Tegucigalpa.

El golpe que tuvo lugar en Honduras debe importarnos mucho, me permito sugerirle a la Señora, que siempre está tan informada, puesto que se trata de una nueva forma de golpe de Estado, tan atípica que los militares que secuestraron al presidente de madrugada y lo sacaron del país por la fuerza de las armas estaban obedeciendo órdenes de la Corte Suprema de Justicia, que el Partido Liberal, al que pertenece el presidente Zelaya, avaló el golpe y que el Congreso en su conjunto lo validó. Toda esa torta de instituciones, nunca antes vista en una maniobra de una ilegalidad vehemente, grotesca y desfachatada, se saca de encima así a la molestia que es Zelaya, elegido constitucionalmente, pero que había virado a las políticas del Alba, en desmedro del ALCA.

La cuestión no es menor, señora Legrand, porque Honduras salió casi al mismo tiempo que la Argentina de la larga noche de las dictaduras. Y aunque el tiempo en televisión es tirano y las cosas que pasaron hace dos o tres décadas parecen de otro siglo, algo sobre lo que resulta aburrido hablar al aire (¿Recuerda a Cecilia Rossetto, siempre hablando del pasado? Una invitada mala onda), que hayan sido asesinados tantos miles de argentinos y que hayan sido robados tantos bebitos es un tema que cada tanto recobra actualidad. Tiene eso.

Siguiendo con Honduras, creo que debería importarle porque ese tema en este momento tiene escandalizado al mundo, incluyendo al presidente norteamericano, fíjese, y a Patricia Janiot, la chica atractiva de la CNN, que el lunes le hizo un picante reportaje al canciller trucho de Honduras, que no pudo explicar ninguno de los ribetes canallescos del secuestro del presidente Zelaya y la carta de renuncia falsa que usó el Congreso para destituirlo.

Habrá visto que la OEA y la ONU respaldan a Zelaya. Quiero decir: aunque en la Argentina siempre tenemos la mala costumbre de creer que los golpes de Estado en algún otro país (¡por suerte aquí ya somos democráticos!) son moneda corriente, observe que hace ya mucho tiempo que no hay golpes de Estado, y que si hay uno, la comunidad internacional y sobre todo la regional actúan como una defensa del sistema democrático, de acuerdo naturalmente con las reglas de la democracia de cada país.

El reflejo inmediato de la presidenta Cristina Fernández, y el papel que juega nuestro país en este proceso democratizador tan fuerte que está viviendo esta parte del mundo, tan racional que hasta Obama se suma, hacen sentir a muchos argentinos, no sólo oficialistas, por supuesto, mucho orgullo. Algunos de ellos incluso miran su programa.

¿Qué es ser lesbiana?


Marian Pessah

Hace muchos años aprendí que lesbiana era una mujer que estaba por placer con otra mujer. Podía ser por afecto, amor, sexo, etcétera. Con el tiempo comprendí que decirnos lesbianas era, además, un hecho político de visibilidad en un mundo patriarcal, muy diferente que denominarnos "homosexuales femeninas". La palabra homosexual está en el imaginario destinada a los hombres, y aquello de "femenino" se volvería un adjetivo arbitrario. Nunca adherí a la definición de que lesbiana era una mujer que amaba a otra mujer. Entiendo la lesbianidad como una categoría política y no como una circunstancia amatoria/amorosa/¿coyuntural? ¿Si no amo, no soy? ¿Y si no soy amada, vuelvo a la norma heterosexual?


Más adelante, en mi caminata por la vida, me di cuenta de que ser lesbiana era ser anormal, puesto que no seguía la norma establecida social y culturalmente que me habían asignado al nacer. Me estaba rebelando a la heteronorma y elegía ser parte de una disidencia sexual.


Desde esta visión, fuera del cuadradito normativo y con la libertad que me otorga la rebeldía, tuve la posibilidad de seguir observando a través de conductas que se oponen a las reglas estrictas del sistema opresor y ordenador. Así fue como empecé a desconfiar del casa-miento monogámico de amor y placer.


La idea es revisar y (re)crear las formas de vida que nos lleven a vivir en armonía con nuestros cuerpos, placeres, deseos, amores, reinventando nuestros propios códigos. Sin propiedad privada de cuerpos, ni deseos instituidos. Ser una amante en libertad no implica, necesariamente, estar todos los días con alguien diferente: es revolucionar prácticas y formas; es reapropiarnos de nuestros cuerpos; es estar en permanente comunicación con nosotras mismas. También con nuestras fantasías y necesidades.


Seguí caminando y observé que mi deseo no siempre se condice con mi género. Si bien siempre supe que no era ni deseaba ser "femenina" sino feminista, ser mujer no es sinónimo de femenina. Los géneros son nómades. Imagino que si consiguiéramos romperlos, caerían un montón de pedacitos y así se desintegrarían. Finalmente acabaríamos con el binomio hegemónico de la masculinidad versus la feminidad, de esta manera podríamos abrir la puerta e invitar a entrar a tantas variedades intermedias e inimaginables hasta ahora. El mismo rompimiento podríamos hacerlo respecto de las sexualidades. En uno de los atajos asumí que, como diría la Beauvoir, mujer no se nace, se hace; algunas lesbianas no nos queremos "hacer" mujeres.


Uno de los últimos descubrimientos es que hay lesbianas que están, a veces, con varones y siguen siendo lesbianas. Hoy vuelvo al comienzo: ¿qué es ser lesbiana?

Esto no parece un accidente. Relato de un ex mafioso que utiliza su experiencia para ayudar al deporte

Michael Franzese fue uno de los líderes de una familia de la Cosa Nostra en Nueva York, pero tras diez años en prisión abandonó la vida criminal y ahora se dedica a colaborar con la ATP para combatir los arreglos en los partidos del circuito mundial de tenis.

Pablo Vignone


–¿Existe algo a lo que le tema?


Michael Franzese sabe lo que es el temor. Estuvo acostumbrado a infundirlo durante los años en que fue un capomafia. Uno de los líderes de la familia Colombo, una de las cinco que manejan la Cosa Nostra en Nueva York –ideó un sistema de venta de combustible que les permitía ganar entre 6 y 8 millones de dólares por semana evadiendo impuestos–, se hartó de los códigos y decidió abandonar su vida criminal tras diez años en prisión para trabajar con organizaciones deportivas para combatir la corrupción dentro de la actividad. Quebrado para utilidad del deporte, ahora colabora con la ATP para impedir los arreglos de partidos de tenis.


"Pasé siete u ocho años muy difíciles", responde Franzese a la pregunta de Página/12, durante Play the Game, la sexta conferencia sobre los problemas de la globalización del deporte que se realiza aquí. "Mi padre, la familia, no estaban alegres con mi decisión de dejar la mafia. Tuve que mudarme varias veces, cuidarme mucho. Ahora es más tranquilo, porque muchos han muerto y los otros están en prisión para siempre. Pero eso no me alienta a volver a mi viejo barrio en Nueva York a ver cómo están las cosas. Sería una estupidez."


El traje gris bien cortado, la piel cetrina, el discurso veloz y convencido. Un personaje salido de una película de Scorsese pero que habla sobre deportes desde su capacidad para arreglar partidos y su vocación actual para evitarlo. "Los que crean que las apuestas no afectan al deporte, están equivocados", asegura. "Es un gran problema, está creciendo, no parece que vaya a atenuarse", advierte, poniendo el acento en los deportistas que sienten debilidad por el juego.


"Los atletas son una raza especial más proclive al juego y a las apuestas que los hinchas. Lo sé por experiencia", cuenta a mil por hora y bajando la voz. "Es una extensión de su naturaleza competitiva. Después quedan atrapados. Cuando charlo con los atletas, les digo que los apostadores se involucran con el deporte para hacer dinero y son capaces de cualquier cosa para meterlos en problemas. El juego ilegal no opera de acuerdo a reglas establecidas." Franzese trabaja con la ATP desde el torneo de Miami de 2006: "El tenis es un deporte en el cual un solo individuo puede controlar el resultado. Por eso es tan tentador".


El ex capomafia, que comenzó a trabajar con las ligas estadounidenses como la NBA, la NFL o la NHL a su salida de prisión, en 1996, cuenta que los tenistas rusos están particularmente apuntados. "Yo he trabajado con la mafia rusa en el negocio de los combustibles. Son gente despierta –señala–. Y se aprovechan de los tenistas rusos que tienen familiares allá a los que pueden someter al terror."


Página/12 supo aquí en Coventry que la ATP tiene en su poder una lista de al menos una docena de tenistas que arreglaron partidos del circuito entre 2004 y 2006. Un jugador argentino, que hoy no figura entre los 100 primeros del ranking, forma parte de la lista. "Conozco el caso", apunta misteriosamente Franzese, sin entrar en detalles.


"La situación no va a mejorar mágicamente, no está sucediendo –responde en su torbellino de palabras–. Las apuestas están muy aceptadas, hay mucho acceso al juego y mucho dinero disponible. Las ligas quieren mantener el control, pero no es posible mantener vigilados a jugadores y referís las 24 horas del día." ¿La solución? Una poco sencilla: "Educación y cumplimiento de la ley".


Franzese explicó que el arreglo de los partidos no siempre implica entregar la victoria. "Basta con asegurar una diferencia en el resultado. Por ejemplo, en el básquetbol, acomodar una ventaja de diez puntos. En ese sentido, los referís son muy susceptibles", aclara.


El ex mafioso repite sus conceptos como si los tuviera bien aprendidos, tras una vida singular. "Cualquier deporte es hoy pasible de arreglos. ¿El boxeo? Absolutamente. Nosotros éramos dueños de boxeadores, podíamos negociar hasta con Don King." Su visión es que "mientras haya dinero en juego, ningún deporte es inmune". Y por un momento vuelve a su antiguo papel para subrayar la gravedad del asunto: "Si hubiera dinero en juego, podríamos arreglar hasta una partida de ajedrez".

Agro y violencia de clase


Claudio Scaletta

Desde el sentido común de las clases medias y altas suelen asociarse los comportamientos sociales desaforados a los sectores populares. La imagen tradicional va desde una movilización de de-socupados, a un acto sindical o la salida de la popular de la cancha de fútbol. Es entonces, frente al avance de las hordas, cuando los buenos vecinos cierran las persianas de sus comercios y moradas, y el aluvión zoológico mete, a sus anchas, las patas en la fuente.


Pero desde los inicios de la revuelta campera los representantes de las corporaciones agropecuarias se las ingeniaron para subvertir su propio sentido común de clase. Primero se apropiaron de la metodología de reacción utilizada por los sectores más castigados por las políticas de exclusión de los '90: los cortes de ruta. De la desazón de las clases medias urbanas en 2001 tomaron las cacerolas; ahora con teflón y en manos de "la muqui". De la desesperación de los hijos de desaparecidos por la impunidad arrebataron los escraches.


La banalización de los instrumentos de protesta social requirió un elemento adicional: el doble estándar moral. El titular de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, fue diáfano cuando demandó que en los piquetes se distinga el color de piel de los unos y los otros. Los medios de comunicación tomaron la posta y sólo se irritan cuando el tránsito lo cortan los morochos. Cuando las camionetas full equipe bloquean rutas y desabastecen ciudades es otra cosa.


Para las corporaciones agropecuarias y la dirigencia política que pugna por su representación, ir hasta los hogares de quienes piensan distinto a insultar y golpear, agredir físicamente a los candidatos del partido contrario, irrumpir con improperios en actos políticos o tratar de "pelotudo" a un ex presidente, son actos que pueden merecer reprobación formal, pero también comprensión. Todo vale cuando el objetivo supremo es pagar menos impuestos.


Mientras las "autoconvocadas" hordas camperas pegan, escupen, huevean, patotean e insultan a los que no piensan como ellos, su ala intelectual construye un relato de democracias, instituciones y repúblicas acosadas. Si el Gobierno defiende su modelo desde el atril, confronta y se crispa, si no acepta las imposiciones de las corporaciones, rechaza el diálogo y el consenso. Si establece un mecanismo tributario para compensar precios internos y redistribuir ganancias extraordinarias, atenta contra la propiedad privada y la seguridad jurídica. La derecha siglo XXI se renueva poco; las manifestaciones populares continúan siendo acarreos de ganado en aras del choripán. La culpa, dicen, es de la incultura y por eso pide más educación, pero arancelada.


Mientras tanto, en seis años, la actual administración nunca apeló al ejercicio de la violencia legítima desde el aparato represivo del Estado. No lo hace para contener la protesta social por los pendientes del modelo y, sin doble estándar, tampoco para responder a la creciente violencia corporativa de los empresarios del campo.

Discontuinidad de los parques

Si algo no se le puede reprochar a un país como Holanda —en cuyos parques las ancianas que les dan de comer a las palomas conviven con jóvenes que se inyectan heroína, y con personas que toman sol desnudas en verano— es pecar de puritanismo o pacatería. No en vano Amsterdam es considerada una de las ciudades más liberales de Europa, mérito que no se ha visto del todo empañado cuando la semana pasada se supo la noticia de que en Slotervaart, un distrito de la capital holandesa, las autoridades decidieron inaugurar un nuevo sistema de señalización para el amplio y concurrido parque Oeverlanden van de Nieuwe Meer, el cual a partir de ahora tiene carteles que distinguen el área de juegos para niños, la zona para pasear a los perros, las playas fluviales... y los lugares de ligue para homosexuales. Una disposición que en lugar de buscar facilitarle las cosas al turista gay desprevenido o al homosexual novato —el cual ya no tendrá que aguzar sus dotes de cazador o baqueano sino seguir la flecha, simplemente— pretende "recuperar el parque para toda la comunidad" y evitar así que los padres tengan que salir corriendo detrás de sus hijos cada vez que se les vaya un poco lejos la pelota. Y todo porque este espacio verde, que figura en cuanta guía gay hay referida a Holanda, es poco menos que la meca del cruising en los Países Bajos: cruising es la actividad que consiste en salir en busca de un encuentro sexual en algún lugar público —ya sea un descampado, una playa o el baño de una estación de tren—, y que en este caso implica, para decirlo en buen criollo, el placer furtivo de ir a los yuyos.


"En el mapa de señalización se explica que el parque también es un lugar de encuentros entre homosexuales", precisó Caspar Itz, portavoz del distrito municipal, quien indicó también que dicha información se ofrece "de forma explicativa" a fin de contribuir al uso óptimo de las instalaciones por parte de todos los visitantes. Algo que, si bien blanquea una actividad que en otras ciudades podría dar pie a que la policía intervenga —y no precisamente con la intención de sumarse a la fiesta como si se tratara de un video de George Michael, aunque excepciones existen—, no deja de evidenciar un cierto sesgo segregacionista y discriminador toda vez que los carteles, en vez de referirse de manera más o menos elegante a los menesteres que allí tienen lugar, esgrimen la palabra "Gay" como quien dice Danger.

La semilla del odio. Homofóbia

El retrato postal de la Antigua Grecia como paraíso de la diversidad sexual acaba de inundarse hasta desaparecer: la distribución en Argentina de Homofobia: Una historia, de Byrne Fone, devela cómo la pasividad sexual, el afeminamiento (y las mujeres en sí) y hasta el deseo desatado eran considerados monstruos escatológicos capaces de corromper no a la naturaleza sino a la misma idea de sociedad: la corrupción empezaba en el cuerpo y seguía en el cuerpo político. Así germinó el odio en la cultura occidental, más de veinte siglos antes de la invención de la palabra homofobia.

"Mi suposición es que cuando la mayoría de los homófobos imaginan que la homofobia es un nombre intelectualizado para una antipatía innata hacia los homosexuales, ésta, no obstante, es un producto de la educación y la socialización", explica Byrne Fone en la introducción a su libro Homofobia: Una historia, que se acaba de distribuir en Buenos Aires por estos días, pero que originalmente fue publicado hace una década en EE.UU. Así, la estrategia de Fone tiene que ver con la mejor parte de los estudios gay-lésbicos y con todo el movimiento queer: desnaturalizar los procesos que soportan las ideas monolíticas de la sexualidad. Y una historia desnaturalizada implica, claro, encontrar el punto de vista para deshacer el arbitrio, la construcción de los prejuicios que congelan el pensamiento o, lo que es lo mismo, que obturan la diferencia. Y por eso, Fone, en lugar de trazar virtudes de la homosexualidad, de buscar la belleza homoerótica y enfrascarla en prosa estética, cuenta una historia de la homofobia, es decir, se ubica en un revés de la trama; un revés erudito y con todo el orgullo de su pasión invertida. Y la desnaturalización es una estrategia genial, porque justamente la homofobia se construye mayormente sobre el efecto de sentido del discurso sobre "lo natural".



Si bien la palabra "homosexualidad" apareció en 1868, recién en la segunda mitad del siglo XX se comenzó a usar la palabra "homofobia" para referirse a la antipatía hacia los homosexuales. Presumiblemente fue publicada por primera vez en un artículo científico de K. T. Smith de 1971 titulado "Homofobia: una caracterización tentativa de la personalidad". Esa particular antipatía, lejos de ser un mero sentimiento, se expresó a través de condena, aversión, temor, proscripción y el exterminio de homosexuales a lo largo de la historia. Fone enuncia dos causas ideológicas, dos prejuicios de ese temor: 1) la homosexualidad y los homosexuales perturban el orden sexual y de los géneros que supuestamente creó la ley natural; es, en definitiva, el desagrado frente a la diferencia sexual; 2) la conducta social de los homosexuales perturba el orden social, legal, político, ético y moral de la sociedad. Estos prejuicios desperdigados en la cronología de la homofobia que realiza Fone, desde la antigüedad hasta fin del siglo XX, permiten hacer un recorrido transversal del libro: por un lado, uno puede leerlo como una teratología, es decir, un catálogo de discursos monstruosos para construir monstruos; y por otro, una descripción de las prácticas higienistas para limpiar el impacto social de esos monstruos: la lucha contra la exposición pública, la notoriedad, la supervivencia y la herencia de los homosexuales. Y con su punto de vista original, y recopilando varios estudios previos, Fone logra hacer una radiografía del germen, de la idea que tenemos de la cultura griega. Su hallazgo es refundar los orígenes.

Bestiarios

Si bien los estudios gay-lésbicos repiten el retrato postal de la antigüedad como paraíso de la diversidad, cargando tintas sobre la democracia griega como ideal, en el libro de Fone se puede leer la idea de que en la Grecia antigua, como se señaló muchas veces, no existía una palabra que diferenciara la homosexualidad. Sí existieron formas del discurso que produjeron monstruos sexuales: antes del acto de nombrar lo diverso, se lo insultó directamente. La degradación homofóbica a partir del lenguaje es de inventiva griega. Porque si bien existía la tan idealizada paiderastia, ritual iniciático de un adulto mayor a un discípulo púber, donde se difuminaban los roles de maestro y discípulo y de amado y amante, la homosexualidad no era un problema siempre que fuese viril, exclusivamente activa y controlada. Pero el control era, principalmente, un control de esfínter: los que gozaban del sexo anal, aclara Fone, "no eran hombres verdaderos en absoluto sino monstruos afeminados, quienes recibirían a cualquier hombre que los quisiera por el ano". La pasividad sexual, la insaciabilidad y el afeminamiento no se consideraban naturales o aceptables en Grecia, eran actos de freaks escatológicos, que abandonaban el ideal viril: así nacieron los malakos, palabra peyorativa que designaba a hombres suaves, afeminados, y que también sugería debilidad moral. Esa idea de virilidad como forma suprema del cuerpo amoroso está bien representada en El banquete, texto bendecido por tantas décadas de homoerotismo neoplatónico, pero que Fone pone en crisis al advertir que Platón, a través de ese encuentro para definir la lógica del Eros, construye un "reino donde ni las mujeres ni el afeminamiento tienen lugar alguno". Y así lo declara uno de los asistentes a El banquete: "El amor entre varones no sólo es diferente del amor entre hombres y mujeres, sino superior a éste, porque es discriminador, fiel y permanente, y porque los hombres son superiores a las mujeres en inteligencia y fuerza". El sexismo en toda potencia, la misoginia desatada que extirpa todo valor social a lo femenino en la sociedad, no puede representar en ninguna cultura un estadio de ideal democrático diverso.


Sobre ese monstruo afeminado descargó su risa el comediógrafo Aristófanes, con sus personajes de hombres mujeriles o travestidos, como el Agatón de Tesmoforiazusas, a quien se llama una "paradoja" por vestir ropas de mujer, fundando con esa palabra el chiste como burla homófoba, el antecedente de todo teatro de revistas machista. En esta obra, el argumento de Aristófanes sostiene que "hombres como Agatón –que no son ni varones ni hembras– perturban el orden de la sociedad, el cuerpo masculino corrupto introduce caos y corrupción en el cuerpo político". Y, justamente, según los ideales de Platón, el problema era el cuerpo, porque siempre implicaba corrupción: lo platónico tenía menos que ver con el deseo sublime como relación física entre amantes que como amistad viril para la contemplación de lo bello y lo bueno. Estas ideas filosóficas, más bien abstractas, fueron recuperadas siglos después por los que sentaron las bases del pensamiento judeocristiano, fundando una corriente neoplatónica para justificar un ascetismo antisexual, acentuando la dichosa dicotomía entre carne y espíritu con la intención de promover el celibato, la vergüenza del cuerpo sensual, que finalmente corregiría con la moral de la Inquisición: la carne homosexual, desviada, perversa, sería quemada en las hogueras.

La posibilidad de una isla

Si a la sátira se le puede atribuir cierta ironía y a la filosofía una suerte de uso de la metáfora, ambos procedimientos que dan cierta ambigüedad en su condena a lo homosexual, a lo femenino y al travestismo, el alegato de Esquines contra Timarco, según sostiene Fone, aporta más cabalmente la ideología griega, sobre todo porque es el único documento que se conserva que trata exclusiva y seriamente de una argumentación sobre la homosexualidad. Y Esquines, para defenderse de una acusación de traición en un juicio, argumenta que Timarco no tiene autoridad por ser homosexual. O mejor dicho: por ser "una criatura con el cuerpo de un hombre deshonrado con los pecados de una mujer". No sólo se acusa a Timarco de haber usado el culo para gozar, sino de otras mariconadas como maquillarse para aparentar menos edad de la que tiene con el fin de seducir, además de usar telas "suaves y hermosas". Eso le valió otro insulto en perfecto griego: kinaidos, débil, lujurioso. Hoy lo llamaríamos simplemente marica, o cualquiera de sus sinónimos despectivos. El afeite amanerado, la estilización juvenil en el cuerpo adulto construidos como forma de lo monstruoso es un tic de la homofobia que se extendió hasta nuestros días. Es natural que un hombre maduro tenga canas, pero Timarco se las teñía: la tintura lo pintaba como puto. Toda esta argumentación posibilitó la sanción para que Timarco no pudiese seguir hablando en la asamblea pública y que se le denegaran sus derechos como ciudadano. Lo que los Estados modernos hacen con los homosexuales hasta el día de hoy, la Grecia antigua lo instauró en ese dictamen: al gay se lo invisibiliza negándoles los derechos como cualquier actor social pleno y se lo reduce a un ser despolitizado. La homosexualidad, ahora, ya no sólo es un crimen contra la naturaleza, sino contra las leyes sociales. Evidentemente, ésas son dictadas por la lógica estrictamente patriarcal, el ideal griego que se trataba de perpetuar.


Si faltaba alguna institución, la ciencia griega también decía lo suyo, que fue cruel y no mucho, pero suficiente para que también la homosexualidad fuese una enfermedad. Y para eso bastó un tratado, el Physiognomonics, del siglo IV a.C., que usualmente se compila dentro de los tomos de obras de Aristóteles, pero no fue escrito por él. Ahí, al marica, al kinaidos que comenzó a describir Timarco, se lo caracteriza fisonómicamente: "Ojos inconstantes y es patizambo; inclina la cabeza hacia la derecha; gesticula con las palmas de las manos hacia arriba y las muñecas fláccidas; y tiene dos estilos de caminar: menear las caderas o mantenerlas bajo control". Para una anatomía de la inversión, para identificar al enemigo de la naturaleza, los fisonomistas pusieron al trolo bajo el microscopio para agigantar sus rasgos, para congelar su gesto bajo la lupa, y así dibujar la primera caricatura homófoba de la historia, una que se repite hasta en las películas del siglo XX.


Y si se trataba de detectar la diferencia sexual, era para después administrar el lugar que le correspondía en la escala social. Porque si esto no bastaba para que el cuerpo, el género y el ano se pensaran contra natura, aunque sobre todo se los creara como un atentado contra el orden político, en el 350 a.C. el mismísimo Platón, el supuesto adalid del homoerotismo, puso negro sobre blanco en Las leyes, que versa sobre la creación de Magnesia, un Estado utópico en la isla de Creta, y donde, justamente, decreta que el sexo homosexual y el lesbianismo son "crímenes antinaturales de primer rango". Y, por fin, aparecen las lesbianas en el discurso platónico, para eliminarlas de la lógica del Estado ideal. Ahí tienen su democracia paradisíaca griega: Platón envió a los heterosexuales a una isla, para alejarlos de los afeminaditos y las machonas. La grotesca geografía imaginaria ya estaba trazada: era la isla de la fantasía homófoba, lugar desde donde se comienza a erigir el pensamiento y las prácticas contra la diversidad sexual que primaran en el resto de la historia.


Palabras específicas

Además de releer algunas ideas sobre la historia de la homosexualidad, Homofobia: Una historia también es un libro sobre las formas de los discursos literarios en su lucha por el sentido social y la representación de lo diverso. Por eso, con entusiasmo bibliófilo, Byrne Fone usa como fuentes de su cronología exhaustiva los libros que buscan afanosamente las formas literarias más aventuradas para expresar la diferencia sexual, en tanto de manera positiva como aberrante. Desde la literalidad a la traducción, desde la metáfora a la etimología, el libro multiplica el deseo en mil palabras que tratan de hacer de la diferencia una sublime experiencia literaria. Y así Fone expone cada detalle de obras fundadoras, pero también de muchas desconocidas, para que surjan los matices de la diversidad sexual en su búsqueda de las palabras justas. Fone parece más identificado con la investigación estética austera de Walt Whitman, tal vez el poeta homoerótico que inaugura una nueva voz cuando se apagaba el siglo XIX. En un afán preciosista, Whitman denuncia que existen "pocas palabras o nombres para los sentimientos amistosos" y se encarga de buscar las "palabras específicas" para que la poesía pueda expresar el cuerpo y el sexo. Cuando la pluma refinada de Fone vuela alto sigue los designios del poeta y se encamina en la investigación más elocuente para marcar el conflicto homofóbico a través de la cita expresiva y la invención justa. Dentro de esa línea, el libro alcanza su plenitud en las lecturas críticas de novelas, teatro y cuento en el Estados Unidos de principio de siglo XX. Ahí, logra recuperar una literatura panfletaria poco célebre y se adentra en su corazón oscuro para destapar las voces perdidas en medio del desconcierto, de la experiencia casi secreta. En esas páginas hay desafío político, inventiva, algo de humor y hasta ridiculez, por ejemplo, cuando se cita a un tal Dr. John F. W. Meagher que enuncia cosas estrafalarias como que a los homosexuales "les gustan las cosas artísticas agradables y casi todos ellos son aficionados a la música. También les agradan los elogios y la admiración. No saben silbar bien. Su color favorito es el verde".

Derecha y a la bolsa. El peor ejemplo

MACRI PIDIO QUE SE PRIVATICE AEROLINEAS




Fernando Krakowiak

Pasaron casi veinte años desde que se sancionó la Ley de Reforma del Estado, que habilitó la privatización de las empresas públicas. El listado incluyó a ENTel, Segba, Obras Sanitarias, Aerolíneas Argentinas, YPF, ferrocarriles, subtes, puertos, rutas, canales de televisión, radios y el correo. Los activos se remataron a precio de liquidación. Fue una oportunidad única para capitales nacionales y extranjeros que vieron a las licitaciones como un coto de caza. Los años demostraron que en muchos casos la gestión privada no sólo no mejoró el servicio, sino que lo empeoró, obligando al Estado a retomar el control. Mauricio Macri tuvo un papel protagónico en esa etapa de desguace, ya que junto a su padre Franco obtuvo la concesión de distribuidoras de gas, corredores viales y el correo. En todos los casos incumplió los planes de inversión. Sin embargo, ayer pareció olvidar lo ocurrido en veinte años y se manifestó a favor de una vuelta de las privatizaciones. Eligió el peor ejemplo para justificar su pedido. Lo hizo argumentando en contra de la gestión pública que comanda desde hace pocos meses Aerolíneas Argentinas, una compañía que fue vaciada por el capital privado antes de su estatización.


"No nos hagamos cargo de lo que no podemos hacer con la plata de los contribuyentes. El Estado sólo debe dar educación, salud, seguridad y justicia", aseguró Macri. El jefe de Gobierno de la Ciudad formuló esa declaración al comentar un artículo del diario La Nación donde ayer se informó que el Estado pierde 4 millones de pesos por día por mantener operativa la línea aérea. "La pérdida de Aerolíneas Argentinas seguirá y cuando se sepa la magnitud de la deuda será un escándalo", sostuvo.


Luego se pronunció a favor de volver a privatizar la empresa: "El Gobierno debería haber hecho cualquier cosa menos administrarla. Si no puede manejar el índice de precios, no puede manejar nada. Hay que buscar otra gestión. Yo nunca la hubiese estatizado. Es un disparate". Fue en ese contexto cuando remarcó que un Estado "inteligente" es aquel que se limita a dar educación, salud, seguridad y Justicia, emulando el discurso neoclásico hegemónico en la década del 90. Por entonces, se adhería a la idea de que Estado debía restringirse a sus funciones mínimas y transferirles a los privados todo aquello que pudieran explotar rentablemente, bajo el supuesto de que aportarían capitales y gerenciamiento eficiente.


El encargado de responderle a Macri fue el gerente general de la aerolínea de bandera, Julio Alak. "El Estado tuvo que hacerse cargo de Aerolíneas porque los privados que la administraron la vaciaron y cometieron delitos que la Justicia está investigando", afirmó el directivo. Luego agregó que "Macri pretende desconocer que la privatización de Aerolíneas llevó a la empresa a la ruina económica, que contempló una convocatoria de acreedores en el 2000 y luego la virtual quiebra en 2008, con la suspensión de los servicios". En lo que respecta al déficit operativo de la firma, Alak indicó que "en junio de 2008 la pérdida mensual era de 230 millones de pesos, mientras que en el primer trimestre de 2009 el déficit se redujo, en promedio, a 55 millones mensuales".


Efectivamente, Macri no eligió un buen ejemplo para reclamar nuevas privatizaciones. Aerolíneas Argentinas es un caso paradigmático de vaciamiento empresario. A fines de 1990, el gobierno de Carlos Menem le vendió la empresa a la estatal española Iberia. La compañía se transfirió sin ningún pasivo, ya que antes el Estado absorbió su deuda. Los españoles pagaron 1610 millones de dólares en títulos públicos y apenas 260 millones en efectivo, con la particularidad de que para conseguir el dinero se endeudaron y transfirieron el pasivo a la cuenta de Aerolíneas.


El objetivo de los españoles era expandirse en la región para poder competir con las gigantes europeas y estadounidenses que dominaban el mercado global. Sin embargo, el plan no funcionó y en 1994 negociaron con Menem para que el gobierno argentino renunciara a la "acción de oro", que le permitía fiscalizar las decisiones estratégicas y la venta de activos.


A partir de entonces, los españoles comenzaron a liquidar prácticamente todo. Vendieron oficinas comerciales en el país y el exterior, los simuladores de vuelo y las 28 aeronaves que conformaban la flota. También desmantelaron los talleres y levantaron decenas de rutas y escalas. La situación no mejoró y en el año 2000 se declararon en convocatoria de acreedores. La lucha de los trabajadores y el apoyo de gran parte de la población fue fundamental para evitar la quiebra.


Finalmente, en octubre de 2001 el gobierno español le vendió la empresa a un consorcio liderado por la compañía turística Marsans por apenas un euro y antes tuvo que aportar casi 700 millones de dólares. Pese a ello los problemas siguieron porque los nuevos dueños nunca invirtieron el dinero que habían prometido, hasta que a fines del año pasado el Estado se tuvo que hacer cargo de la compañía para evitar su cierre.


La Auditoría General de la Nación estableció entonces que Aerolíneas Argentinas había quedado, luego de dieciocho años de gestión privada, con un patrimonio negativo de 2500 millones de pesos y un pasivo estimado en 890 millones de dólares. Ahora, Mauricio Macri reclama nuevamente la privatización y acusa de ineficiente al Estado, que hace apenas unos meses retomó el control de la empresa.

Amame en cámara lenta

Andrea Majul


En ese momento creí que era sólo admiración; tuvieron que pasar varios años para descubrir que esa inquietud que me asaltaba antes de encontrarnos era verdadero amor. Yo tendría 8 años. Ella, en fin, me llevaba unos 20 de diferencia. Puede que parezca mucho, pero en la infancia se toman decisiones vitales sin demasiados miramientos.

Con la misma solemnidad yo ya había resuelto ser astrónoma y que jamás me gustarían los fideos con pesto. Pero eran nimiedades comparadas con esa ilusión que en una rayuela imaginaria me llevaba de la tierra al cielo cada vez que la veía correr con sus cabellos al viento.

A la distancia, pienso y es evidente lo que en esos años no tenía nombre. Mi primer amor fue ella: La Mujer Biónica.

Si entrecierro los ojos, todavía puedo repetir de memoria la apertura: "La siguiente información es clasificada como ultrasecreta. Jaime Sommers. Sexo: femenino. Edad: 28 años. De profesión: maestra y tenista profesional...".

Suerte que justo en el momento de sufrir ese accidente en paracaídas fuera la novia de El Hombre Nuclear, porque para esa época los únicos implantes conocidos eran los mamarios y tampoco los cubría la prepaga.

Después la relación con él no prosperó, porque al parecer las partes biónicas de Jaime lo rechazaban, así que por prescripción médica debieron separarse.

Secreta alegría en mí. Por más que el peligro acechara, todo era cuestión de aguzar el oído, saltar o correr muy rápido en cámara lenta.

No era que la Mujer Maravilla estuviera mal, pero a veces la vida te presenta caminos que parecen enfrentados. A grandes trazos la identidad se forjaba en la elección de esas falsas antinomias, eran como una especie de River-Boca, de Boedo y Florida, de Beatles o Rolling Stones. Con Los Angeles de Charlie esa competencia no existía, nadie podía tomar a mal que también te gustaran, siempre y cuando estuviera claro que estaban en otro nivel.

Extraño un poco esa candidez, ese creer firmemente en que hay amores que atraviesan la pantalla, el parlante o el papel. Afinidades que se encuentran y se entienden como si nadie más escuchara, como si nadie más los viera.

Sentir que elegís a ese otro y que si ese otro te conociera personalmente, efectivamente te elegiría por sobre el resto.

Los docentes y los medios

Nuevamente el debate sobre el papel de los medios y sobre la actitud que los diferentes sectores y actores de la sociedad pueden o deben tener frente al sistema masivo de medios. Una polémica sobre el poder, la educación y la construcción de sentidos.



Horacio Ghilini

Es nuestra convicción dar cada vez más importancia a la relación Educación-Comunicación, es decir, Escuela-Medios Masivos. Estamos convencidos de que el docente está cada vez más necesitado de "manejar" las reglas de juego y tecnologías comunicativas, no desde el recurso didáctico de "usar" los medios, sino desde la necesidad de "reverlos". Tanto en defensa de su rol como trabajador de la educación como fomentando el espíritu crítico, dándole batalla desde el aula al flagelo de la masificación.


Hace ya varios años nos decíamos con dolorosa ironía "los docentes enseñamos a leer a los niños, mas no sabemos leer nuestro propio recibo de sueldo", en clara alusión a la necesidad de crecer en conciencia de nuestros derechos. Hoy, con una escuela que compite en desigualdad de condiciones con la televisión y con Internet, necesitamos aprender a leer el lenguaje audiovisual de las nuevas tecnologías. El hábito de nuestros educandos es "el videoclip y el zapping".


En este contexto, invito a los docentes a confrontar, influir y construir –poniéndoles "valor agregado" a nuestras palabras– entre las llamadas TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) y su influencia en el aprendizaje dentro de la escuela. Confrontar con el modelo de exclusión, de una Argentina para pocos, de la eficiencia llevada al grado superlativo, de la especulación financiera, del neoliberalismo social donde "los más aptos sobreviven", de la escuela de la competencia en contra de la solidaridad, del cientificismo sin trascendencia. Influir ante un gobierno que, cuando acierta, requiere respaldo; cuando duda, requiere aportes; y cuando se tienta con volver a las cómodas recetas del ajuste ortodoxo, requiere firmeza de los trabajadores. Construir con los compañeros, porque únicamente la organización vence al tiempo y no sólo trasciende a ministros, sino también nos trasciende a nosotros mismos.


De ahí que nuestra consigna en el plano de la cultura sea "agreguémosle valor a las palabras". Y esto desde la doble acepción del concepto de valor, es decir, palabras valiosas y palabras valientes. Por ejemplo, educación liberadora es un concepto valioso, porque nos remite a replantearnos los fines de la educación y a salir de la trampa neoliberal, que la analiza exclusivamente desde la gestión. Pero al mismo tiempo, hablar de liberación requiere un grado de valentía, pues supone denunciar la opresión, la dependencia, la colonización pedagógica y la desinformación. Si anhelamos una Argentina sin excluidos es porque queremos una sociedad de pleno empleo. En consecuencia, es preciso que tomemos conciencia de que solamente lo lograremos a través del sostenimiento de un perfil productivo integrado, diversificado y de alto valor agregado.


Hoy en día se ha desplazado el centro de gravedad del control social desde la escuela hacia los medios masivos, en especial la televisión. Esto implica que los centros de poder invertirán más en la "TV basura" que en la educación. Es contra este antimodelo cultural que debemos confrontar. Para poder revertir esta situación debemos desde el sector educativo influir en la redacción de la próxima ley de radiodifusión. Necesitamos una ley que garantice el derecho a la información de los ciudadanos; así como tenemos una democracia política y queremos una democracia económica, también hay que plantearse la democracia al acceso a la información.


En este sentido, es importante recordar que hay sectores de poder que no quieren que el Estado ni la comunidad desarrollen conocimiento a través de la escuela, ya que esto es susceptible de ser conducido de un modo popular. Se les hace mucho más fácil controlar la sociedad a través de medios de comunicación concentrados y tecnologías difíciles de manejar. Entonces, la escuela tiene una competencia fuerte y la ley de radiodifusión tiene que contemplar esto, porque el rol de los medios masivos debe estar enfocado a ayudar al sistema productivo.


En definitiva, es imprescindible que los docentes nos apropiemos de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, no sólo como recurso didáctico para utilizarlos en el aula, sino más bien para comprender los metalenguajes, la construcción simbólica. De este modo, lograremos decodificar y adquirir una posición crítica ante los medios de comunicación.


Promovamos la Formación en la Recepción Crítica de Medios, para evitar una sociedad idiotizada y masificada. Intentemos construir una comunidad en donde cada uno sea artífice de su propio destino y no objeto de la ambición de nadie.

Medios de comunicación

La ventana / medios y comunicación



La información y la comunicación son recursos imprescindibles en la sociedad actual. Se utilizan para salvar vidas, pero del mismo modo para encubrir la muerte. En todos los niveles, tanto en el conflicto armado como también en la vida cotidiana, donde abundan las discriminaciones.



Graciela M. González



Discapacidad y medios


Los sujetos, los objetos, las cosas, los hechos, la vida de la modernidad están atravesados por discursos. Son discursos. Y lo que es peor, se han convertido en el discurso prevaleciente de los medios y complaciente de los consumidores de esos discursos.


Discapacidad, discriminación e inclusión no existen, no son sustantivos concretos, son entes lingüísticas impronunciables que modifican su significación y consecuencias en tanto y en cuanto se revisten de eufemismos. Un ciego debe mostrar que puede bailar, en lugar de mostrar que sabe tocar, hablar, re-crear palabras o gestos de actuación. "Debe" mostrar lo que no sabe hacer, debe resaltar hasta robotizarse, el esfuerzo sacrificado que eclipse una posible torpeza corporal producto cultural de su ceguera. Un sordo "debe" escuchar. Usar audífonos aunque sea sordo de nacimiento, en lugar de aprender lengua de señas e incorporar esta lengua, su propia lengua, como vehículo de construcción de la subjetividad, el conocimiento y el aprendizaje.


A la vez, la lengua de señas, es usada con efectivismo, como espectáculo escolar o cultural o televisivo donde emocionan con un coro de oyentes para los oyentes, en lugar de multiplicar su uso en los canales privados y en los espectáculos o acontecimientos sociales para que el sordo pueda leer los gestos y las señas, participe y se integre a todos los actos comunicativos en los que es actor. Es decir, para que sea actor. Actor consciente y protagonista, también él con posibilidades de opinar sobre lo que se informa o se comunica.


Un niño, un adolescente o un joven con discapacidad mental, tendrán que adaptarse al "medio laboral competitivo", producir y re-producir para el mercado y en los oficios que la sociedad, los otros, consideran pertinentes en lugar de utilizar espacios de trabajo cooperativo en áreas novedosas y a partir del deseo de los mismos discapacitados.


La discapacidad sólo es noticia cuando alguna cámara oculta o micrófono indiscreto registra abusos, violaciones y/o distrato, exponiendo a la víctima, poniendo la vulnerabilidad de las personas "en carne viva", con un morbo obsceno y banal, que transforma al hecho real en escena y a la escena en un nuevo ejercicio de violencia, distrato o violación del sujeto que la vive. ¿Por qué no son noticia los grupos de arte integrado, los campeonatos de básquet en sillas de ruedas, las paraolimpíadas mundiales, los campeonatos de torball (fútbol para ciegos que incorpora un elemento sonoro en la pelota y se juega con adaptaciones para facilitar el movimiento)? ¿Por qué la agenda de la discapacidad es la de los medios, teñida de escándalos y premura especulativa? ¿Cuánto de responsabilidad tenemos en esto quienes estamos imbuidos del tema, trabajamos o militamos en instituciones o asociaciones, pero nunca fuimos capaces de juntarnos para discutir y elaborar propuestas programáticas?


Nos debemos un diálogo sincero. El diálogo honesto: no el acople de voces superpuestas, ni los gritos alucinados del poder, ni el silencio cómplice de los que no se animan o no quieren debatir, ni la ausencia de las voces siempre acalladas, tampoco la voz "cantante" de los que siempre hablan. Un diálogo hecho de diversidad y divergencia, que nos permita pensar en colectivo e incluir a los sujetos con discapacidad en ese intercambio. Un diálogo que nos impulse a elaborar agenda; diseñar políticas y estrategias de integración escolar realistas; proyectos para los sectores más vulnerables en los que se cruzan pobreza y discapacidad; programas para las discapacidades más olvidadas como multiimpedidos y mentales severos (también para los talentosos que no constituyen una elite sino una minoría con necesidades especiales); innovaciones para el mundo del trabajo que contemple la economía solidaria; difusión y uso de investigaciones sobre estrategias integrales y micro y macropolíticas de proceso sostenido de capacitación en todas las áreas.


Para cambiar la historia en discapacidad hay que atreverse a desandar el discurso políticamente correcto de los medios o las instituciones y desgarrar matrices instituidas que nos permitan achicar la brecha entre el discurso y la acción.



Washington Uranga



Censura: otro daño colateral


Algún día sostuvimos que la comunicación forma parte de la lucha simbólica por el poder. En ese mismo sentido se puede decir que la información y la comunicación son, indiscutiblemente, instrumentos de la guerra moderna. Ha quedado ampliamente demostrado en muchas conflagraciones recientes. Frente a ello y tal como sucede en la mayoría de los frentes, la comunidad internacional a través de los organismos correspondientes ha quedado atrapada en el juego de intereses políticos y de poder y no ha tenido nunca la capacidad real de hacer ejercer el derecho a la información y la comunicación.


La censura, la restricción al trabajo de los periodistas, la imposibilidad de comunicar sobre hechos trascendentales y críticos como todo aquello que ocurre en torno de un conflicto armado es una forma más de atentar contra la vida de muchos inocentes. Esto es lo que está ocurriendo actualmente en Gaza y en todo lo relativo al avance israelí sobre ese territorio. La organización no gubernamental Human Rights Watch (HRW) al respecto ha dicho que "la presencia de periodistas y observadores de derechos humanos en las zonas de conflicto proporciona una comprobación esencial con respecto a los abusos contra los derechos humanos y violaciones de la guerra". A todo esto las autoridades israelíes han hecho oídos sordos, de la misma manera que desconocieron decisiones expresas del propio tribunal supremo israelí que el 31 de diciembre último dictaminó a favor de permitir el ingreso a Gaza de doce periodistas.


Las autoridades israelíes, que no se preocupan por otras muertes, aducen sin embargo que se impide el ingreso de los periodistas a la zona del conflicto para salvaguardar la vida de los comunicadores. Al respecto la Federación Internacional de Periodistas (FIP) sostuvo que "pocos colegas pueden aceptar (dichos argumentos) como algo serio". Y denunció que "Israel ya ha mostrado su singular respeto hacia las normas internacionales convirtiendo a una emisora de televisión desarmada en objetivo de sus ataques militares".


Vale recordar que el documento de Johannesburgo (1995) sobre "Seguridad nacional, libertad de expresión y acceso a la información", considerado uno de los textos de referencia sobre el tema y que fue elaborado por expertos en derecho internacional, señala que "cualquier restricción de la libre circulación de información no podrá ser de naturaleza tal que frustre los propósitos de la legislación humanitaria y sobre derechos humanos. En particular, los gobiernos no deberán prohibir el acceso a la zonas en las que son responsables y en las que haya dudas razonables de que se puedan estar cometiendo o se hayan cometido violaciones a la legislación humanitaria o de derechos humanos a periodistas o representantes de organizaciones intergubernamentales que velen por el cumplimiento de los criterios humanitarios o de derechos humanos". Es letra muerta. Tan muerta y desconocida como tantas de las víctimas ignotas que yacen sobre el territorio de Gaza.


El propio Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel, en su boletín de "Cultura: medios de comunicación" sostenía el 1º de octubre del 2006 que "el compromiso de Israel de mantener la libertad de prensa rige para todos los medios de comunicación, estando sujetos al escrutinio de la censura únicamente los asuntos de seguridad". ¿Quién establece el criterio? ¿Puede un Estado de manera unilateral adoptar este tipo de decisiones cuando lo que está en juego es la vida de muchas personas que podrían tener mejor resguardo si existiese la posibilidad de la información?


La censura informativa y la imposibilidad de comunicar se presenta de esta manera como otra "consecuencia no deseada", como una suerte de "daño colateral". Nada de eso. La censura es un arma más de la guerra, un arma fundamental y letal en la medida en que de conocerse determinadas situaciones y procedimientos se podrían salvar vidas. Impedir el trabajo de los profesionales de la información es tan grave como descargar toneladas de bombas sobre la población civil o cometer actos de terrorismo de diverso tipo. Lo que está en juego no es apenas la vigencia de un derecho reconocido internacionalmente. El riesgo tiene que ver con la vida misma.


Como se ha dicho tantas veces, la primera víctima en la guerra es la verdad. Cada uno de los oponentes construye su discurso, atado a intereses y como parte de la propia estrategia de guerra. La censura a la información, la comunicación amordazada y la verdad destruida son otros de los "daños colaterales". Han corrido la misma suerte de tantos inocentes que perdieron la vida.

Dime tu diagnóstico y te diré dónde ir

No son ilegales las únicas drogas peligrosas que se pueden llevar en la valija al momento de cruzar fronteras. También esas que resultan vitales, como los antirretrovirales, que cambiaron radicalmente la vida de quienes viven con VIH sida, pueden ser causa suficiente para negar la entrada a quien las porte en al menos 30 países. Sí, la lista marcada en rojo comienza con destinos ya conocidos por su homofobia como Egipto, Jordania, Omán, Malasia, Yemen, Túnez, Singapur y China; pero también incluye al gran país del Norte, guardián de la democracia internacional: los Estados Unidos. Ubicado en el puesto número 29 –la lista se actualizó en junio de 2008 por la organización alemana Aids Hilfe–, según la virulencia con que expulsan a quienes intenten cruzar sus fronteras aun con intenciones turísticas y en viajes de corta duración. De hecho, hay una lista corta –14 países– para aquellos que no tienen piedad siquiera con los turistas o estudiantes, en la que también figura el país de las barras y las estrellas. De la encuesta propuesta por la ONG alemana participaron 184 de los 196 países soberanos en el globo y las respuestas no son alentadoras: casi la mitad del mundo (47%) mantiene reglamentación especial a la hora de permitir el ingreso a personas que viven con VIH. Pero son 30 los países que declaran sin que nadie se ponga colorado que tienen derecho de expulsar o deportar a quien viva con VIH, lo haya declarado o no. Es cierto que hay excepciones: motivos académicos –incluidas las Conferencias Mundiales sobre Sida, reuniones que alertaron a la comunidad mundial sobre las restricciones de hecho desde que en 2006, en Toronto, se negó la entrada de muchos y muchas activistas–, invitaciones especiales y trabajos de corta duración pueden ser un salvoconducto para conseguir la venia y viajar por Hungría, Armenia, la Federación Rusa, Siria o Sri Lanka (la lista completa se puede consultar en hivtravel.org, disponible en castellano). También es cierto que lo más sencillo es no declarar el diagnóstico serológico y mentir adecuadamente a la hora de solicitar el visado –consejo: jamás declaren haber tenido ninguna de las enfermedades conocidas como marcadoras (neumonía, tuberculosis), aun cuando no se tenga VIH–; pero la portación de medicamentos o bien de alguna marca fisionómica que despierte la alerta en quien guarda la frontera es suficiente para marchitar todo el resto de la vitualla turística acomodada en el equipaje. De más está mencionar la inutilidad de tales medidas de protección de fronteras: quienes toman los medicamentos delatores son apenas una mínima porción –menos del 20%– de las personas que están infectadas y ni siquiera llegan a convertirse en la punta del iceberg de quienes podrían estar infectados o infectadas sin saberlo. Pero es evidente que hay países que todavía creen que cerrando los ojos –o las fronteras–, los miedos pueden desaparecer cuando aun en los cuentos infantiles se relata hasta el hartazgo que hasta los monstruos más horribles, cuando se los mira de frente, empiezan a perder su capacidad de asustar.

Hipócritas de Alcorta

Cinismo

Fernando Krakowiak

Los dirigentes de Federación Agraria afirman que al oponerse a la política agropecuaria oficial defienden a los pequeños y medianos productores frente al avance de los pools de siembra. Sin embargo, el espacio que integran articula cotidianamente estrategias con miembros de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), la entidad que mejor representa los intereses de esos pools. El presidente de Federación Agraria, Eduardo Buzzi, incluso participó del último congreso de Aapresid y se estrechó en un cálido abrazo con su presidente Gastón Fernández Palma. "Nosotros nos encolumnamos detrás de las entidades gremiales, hasta hicimos aportes financieros a las campañas de difusión. No nos involucramos en la política partidaria, pero entendemos que sí lo debemos hacer en las cuestiones de política agropecuaria", reconoció Fernández Palma el pasado 11 de julio en una entrevista concedida al portal Infocampo. Por si algún desprevenido no lo sabe, Aapresid está integrada por las multinacionales Monsanto, Syngenta, Nidera, Don Mario, Pioneer, Basf y Bayer, entre otras.

La conducción de Federación Agraria remarca cada vez que puede que la serie de protestas iniciadas hace un año constituyen un nuevo Grito de Alcorta, en referencia a la rebelión campesina de 1912, pese a que en esta ocasión lo hacen con el apoyo de la Sociedad Rural Argentina, entidad que representa a los terratenientes contra los cuales se habían rebelado aquellos campesinos.

Los federados reivindican al Estado como regulador de la economía y se llenan la boca elogiando el papel que en el pasado cumplió la ex Junta Nacional de Granos. Sin embargo, cuando el Gobierno dejó trascender que evaluaba la estatización del comercio exterior, la conducción de la entidad firmó una solicitada oponiéndose a la medida y luego argumentaron que una cosa es la "estatización" y otra distinta la "nacionalización", como si la Junta Nacional de Granos hubiera estado controlada por un grupo de pymes agrícolas.

Federación Agraria se siente parte de los sectores populares. Integró el Frente Nacional contra la Pobreza, la Paritaria Social y cada vez que puede se solidariza con las distintas luchas que llevan adelante los trabajadores. No obstante, el martes pasado su presidente fue el vocero de la Mesa de Enlace al momento de incluir dentro de las exigencias del sector rural una rebaja de los aportes patronales y una "readecuación" de la legislación laboral, pues afirma que la normativa actual los "obliga" a tener parte de su personal en negro. Es el mismo argumento que utilizaban los defensores del neoliberalismo cuando impusieron la flexibilización laboral en la década del '90, aunque Buzzi sostuvo que ambas medidas se tendrían que llevar adelante "sin afectar el derecho de los trabajadores", como si no existiera contradicción entre una cosa y la otra. Con la misma lógica, los banqueros podrían hacer lobby para justificar futuros aumentos de las tasas de interés de los créditos hipotecarios y luego salir a decir que esperan que esa medida no afecte a los que contrajeron una deuda para comprar su casa.

Federación Agraria también dice preocuparse por la situación de los agricultores de subsistencia. Ayer, sin ir más lejos, su presidente pidió que se contemple la situación de los miles de productores que en Santiago del Estero vienen siendo desalojados de sus tierras, aunque a continuación afirmó que había que tratar de que "convivan con los que traen soja y dinamismo a la región", como si no supiera que son justamente esos que llevaron la soja los que los han estado desalojando.

No es un pecado defender los intereses patronales de la cadena agroindustrial sojera con uñas y dientes. Es un negocio que genera miles de millones de dólares y es sabido que el dinero es uno de los nervios más sensibles. La paradoja, en todo caso, es hacerlo en representación de los pequeños productores, que en muchos casos han sido víctimas de la sojización, e incluso en nombre de los sectores populares, disfrazando una reivindicación sectorial como una gesta "federal", "nacional" y "patriótica". Ese cinismo es difícil de disimular.

Novias de antaño

Hubo un tiempo en el que las mujeres fueron educadas para enamorarse entre sí. La sociedad victoriana festejó la pasión entre jovencitas como parte de un rito de iniciación para el matrimonio y la familia. ¿Qué hizo que este oasis se evaporara? ¿Será esta herencia victoriana lo que hace que a las lesbianas les cueste tanto ser vistas como tales y no solamente como buenas amigas?
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Liliana Viola

Hermanas verdaderas

"Soy hija única, de chica me habría gustado tener una hermanita", le confiesa la Negra a su amiga María Elena. La Negra es uno de los personajes que dialogan con María Elena Walsh en su último libro Fantasmas en el parque y la encargada de traer a colación el tópico de las "hermanas elegidas", antiquísimo eufemismo para el deseo entre mujeres. La conversación se deriva hacia la hermana que María Elena sí tuvo, pero con quien nunca se llevó bien, hasta que la Negra lanza su conclusión: "Es que tu verdadera hermana es Sara, hace como treinta años que viven juntas".

¿Verdadera hermana dijo? ¿Quién es la hermana verdadera que no es su hermana y que vive con ella hace 30 años? Se llama Sara Facio, es la fotógrafa que hizo el retrato más conocido de María Elena, de quien tanto se ha murmurado que nunca se casó, que no tuvo hijos, que se fue a París como Manuelita pero con Leda Valladares, y que era tan amiga de María Herminia Avellaneda. La autora, ya promediando sus 70 años y las 70 páginas de este libro claramente autobiográfico, responde así: "Sara no tiene nada de hermana. Es mi gran amor que no se desgasta, sino que se convierte en perfecta compañía. A veces la obligué a oficiar de madre, pero no por mi voluntad sino por algunos percances que atravesé, de los que otra persona hubiera huido, incluida yo. Pero ella se convirtió en santa Sarita".

Lo dijo. Y no será por azar que María Elena Walsh elige hacer pública su condición de lesbiana, recreando esta escena ya clásica en la que alguien, por ingenuidad, malicia, respeto malentendido, o de todo esto un poco, impone el lazo fraternal a una historia amorosa entre señoras. Le habrá pasado unas cuantas veces. Tampoco es casual que la Negra siga la conversación como si nada. El cuento de las hermanas elegidas es un manto protector y de olvido que deja pocas opciones: salir del armario en cada nueva charla o quedarse donde una está. En Fantasmas en el parque nunca más se hablará tan explícitamente del tema. ¿Para qué? A partir de este momento, Sara seguirá apareciendo en diversas anécdotas como parte elocuente de una primera persona del plural. Y será el amor de María Elena Walsh para quien quiera oírlo, y para el resto, que no son pocos, la hermana verdadera.


Hermanas eran las de antes

¿Será esta miopía una herencia victoriana? ¿Un legado transmitido a través de tantas escenas literarias del siglo XIX en las que las Mujercitas se besan, se abrazan, se visten y se desvisten sin censura porque el lesbianismo no existe todavía? Por algo aún hoy dos hombres no necesitan siquiera ir del brazo para que se note que son pareja, mientras dos mujeres pueden dormir juntas y no es indicio suficiente. Si bien no se puede medir cuánto conserva este presente posmoderno de los corsés de antaño, no hay dudas de que existió un tiempo, no tan lejano, en el que las mujeres cultivaron una amistad erotizada, y algunas hasta llegaron a hablar de matrimonio entre ellas. Relaciones que no sólo no escandalizaban a nadie sino que formaban parte de una especie de educación sentimental, preparación para la llegada del matrimonio con mayúsculas en el cual gobernaría el esposo y nacerían los hijos. Una cosa no quitaba la otra. Al contrario. Y este solo dato, la existencia de estas "amistades admitidas", pone en cuestión la idea de que la división tajante entre mujer-hombre, hétero-homo haya sido siempre tan así, o al menos pone en duda su infalibilidad.

En su reciente trabajo titulado Between Woman. Friendship, Desire, and Marriage in Victorian England (Entre Mujeres. Amistad, deseo y matrimonio en la Inglaterra victoriana), la académica feminista Sharon Marcus descubre las intimidades de este período que va desde 1830 hasta 1870. Sí, con fecha de inicio y de vencimiento, porque luego todo volvió a "la normalidad". Aparentemente el avance de estas relaciones amorosas amenazaron con colapsar el status matrimonial asentado en la primacía del varón. Aquellas mujeres que "se casaban" sin papeles, generalmente también feministas, tuvieron una influencia notable en la modificación de la ley de matrimonio y en la redacción de la primera ley de divorcio en Inglaterra. Es que estas señoras ya habían encontrado el atajo de los testamentos para no dejar desamparada a su compañera en caso de muerte y entonces no podían menos que reaccionar ante una ley de divorcio que consideraba que el patrimonio quedaba siempre en manos del marido y la mujer tenía que volver descarriada y empobrecida a la casa paterna. Esgrimiendo el imperativo de la reproducción y de la salud sexual, políticos e intelectuales se apresuraron a modificar la ley de matrimonio que hasta entonces hablaba de dos personas y no de dos personas de "sexos opuestos".

Sharon Marcus desempolva revistas femeninas, correspondencia privada, diarios íntimos, manuales de consejos y buenas costumbres. Las publicaciones de moda que empiezan a ser furor en esos años presentan siluetas femeninas siempre en pose de acoso, complicidad y roce entre ellas. Son leídas a su vez en privadas tertulias donde ocurre lo mismo que se representa.

Punto suficiente para desmentir esa idea de "mujeres asexuadas" eran las de antes. Los fervores que despertaban estas relaciones tan íntimas entre muchachas daban cabida a sensaciones que la estricta coreografía victoriana impedía compartir con el varón. La libertad que se les concedió a los cuerpos femeninos para el roce entre sí, y su correspondiente exposición libre de culpa y límite, se abrió como un atajo.

Estas mismas revistas –del mismo tamaño y estética que las revistas pornográficas para señores– advierten a sus lectoras sobre los peligros de la autoflagelación, lo que permite suponer que se trata de un hábito nada secreto de la época. De hecho, ahí mismo se discute sobre la conveniencia de infligir puniciones físicas a las niñas, quienes a su vez juegan a torturar a sus muñecas, las desnudan y las visten, una especie de goce con el dolor del cuerpo femenino se propaga a través de inocentes viñetas en libros infantiles. "Discutíamos las otras tardes sobre la conveniencia de desnudar o no a las jovencitas a la hora de darles sus palmadas y, según advierte la Sra. X, puede ser de mayor provecho obligar a la joven (puede ser una criada) a que ella misma se vaya quitando las ropas una por una, luego que se ponga de espaldas y, usando el látigo, acercarse..."

El trabajo de investigación de Sharon Marcus, publicado en 2007 y que ha sido considerado uno de los trabajos más originales de los últimos años en lo que respecta a estudios de género, viene a demostrar que alguna vez las mujeres fueron, como diría la Negra de María Elena Walsh, "hermanas verdaderas" que compartían sueños y escenas eróticas sin que nadie juzgara que estaban poniendo en jaque ninguna norma.


Fragmentos de un discurso amistoso

"Apoyé mi cabeza en el hombro de Helen, le rodeé su cintura con mis brazos; ella me abrazó y nos quedamos así en silencio. (...) Tus pequeños pies están helados, acostate y tapate con mi abrigo." Helen, la amiga de Jane Eyre, está a punto de morir, y esta escena de amor profundo en la novela de Emily Brontë sella una etapa en la vida de la protagonista que recién entonces saldrá al mundo y se enamorará de su patrón. Muchas mujeres, cuando piensan en el hombre ideal en sus cartas y diarios, desean que sea lo más parecido a su mejor amiga. Muchos no cumplen las expectativas y hay muchos casos de familias que se construyen adecuándose a estos amores. Muchos casos se registran de suegras en relación con sus nueras, o de amigas casadas con hermanos, amigas de la casa convertidas en parte del núcleo familiar.

Una joven soltera encarga un anillo de oro para su amada. Otra lleva un relicario donde guarda hebras del cabello de su más querida. Allí van dos mujeres de la mano, una llora sin consuelo porque su hermana menor se casa al día siguiente. "¡No podré vivir sin ella!" Y nada de esto es clandestino: aparece en la vida real y en las novelas. Recién en la mentalidad del siglo XX los personajes femeninos centrarán su identidad en la competencia por el varón. Mientras tanto, jovencitas, hermanas, casi hermanas, se confían sus secretos, cuchichean, se tocan, se peinan mutuamente, duermen abrazadas, se admiran la silueta mutua, una nodriza las baña juntas, se copian los gestos y se vuelven inseparables.

A veces el éxtasis de esta compañía las lleva a referirse a la compañera públicamente como "mi esposa", "mi marida". Por ejemplo, en su libro, Marcus registra que en 1844 una niña de diez años llamada Emily Pepys, hija del vicario de Worcester, escribe en su diario íntimo: "Anoche tuve el sueño más hermoso de mi vida. Lo recuerdo y me sigue haciendo feliz. Veía a una chica preciosa con la cual yo (una chica) estaba a punto de casarme (la gran idea). Yo la amaba y ahora, en este momento, la amo todavía. Era un hecho nuestro amor, e íbamos a casarnos muy pronto. Enseguida entonces pensé en Teddy (nombra al chico que le gustaba en ese momento) y le pregunte a mamá muchas veces si podíamos dejarlo afuera de esto, y un rato después me desperté. Lo recuerdo ahora con toda nitidez. Una mañana excitante".

Más sorprendente que el sueño es el hecho de que lo registrara en su diario, sabiendo que entonces no se consideraba un género privado sino que circulaba en la casa entre familiares y amigos. Y más sorprende aún que la idea no le resulte revulsiva a la mañana siguiente sino iluminadora. Teddy sigue allí, pero será pospuesto cuando otra mujer, la madre, dé el visto bueno para poner un paréntesis entre él y la dama del deseo.

Aunque la niña, soñando casarse con otra niña, parece contradecir la versión de la época victoriana tan estricta en su división del mundo en sexos opuestos, Marcus argumenta que no sólo este sueño sino su realización fueron moneda corriente. Muchos adultos entonces encontraban la idea de casamiento entre dos mujeres menos lejano que lo que sueña Emily. De hecho, cuando la activista y escritora Frances Power Cobbe publica su autobiografía, una especie de best seller de entonces, incluye la foto de la casa donde vive con la escultora Mary Lloyd y utiliza el plural para hablar de sus finanzas, "de nuestros amigos, nuestro jardín y nuestro hermoso y querido hogar".

Si se insiste en analizar la historia desde los pares de opuestos Hombre vs. Mujer; Heterosexual vs. Homosexual, tan caros al siglo XX, no se podrá comprender cómo es que este oasis existió. Por eso la siguiente pregunta tampoco tiene lugar en este horizonte: "¿Es posible decir que estas mujeres victorianas eran lesbianas?". Marcus responde: "Si se entiende lesbiana como desviación de la norma, como inversión de género, como rechazo al matrimonio como institución, entonces ninguna de las mujeres que aparecen aquí puede ser considerada lesbiana. Hay que tener en cuenta lo que han tardado las lesbianas en convertirse en perversas: cuando por esos mismos años la medicina señala a la sodomía como una patología y desviación, y nadie piensa en mujeres sodomitas u homosexuales, los homosexuales son siempre hombres. Las lesbianas no existen. No es 'el amor que no osa decir su nombre' sino el amor que no necesita nombre y que se grita a los cuatro vientos. En el camino de aprendizaje hacia la mujer perfecta, las esperaba esta especie de sopa de mujeres compuesta por la madre, las hermanas, las amigas. Y ellas bebieron".


Has recorrido un largo camino

¿Cuál es el nexo entre pasado y presente? Difícil saberlo. Pero conociendo la furia con la que el siglo XX monitoreó los límites entre homo y heterosexualidad, es notable que las amistades entre mujeres –que siguen incluyendo muñecas y figurines– se mantengan tan centrales y fuertes. Las promueven en revistas de adolescentes y en publicidades de moda. Una reciente encuesta realizada en Inglaterra arroja que aumentó considerablemente en los últimos años el número de mujeres que reconoce haber tenido al menos una relación sexual con una mujer y que se considera "atraída mayor y no únicamente" hacia los hombres. En el correo de lectores de la revista Hola, la consejera intenta calmar a un chico desesperado porque encontró unas revistas Playboy bajo la cama de su novia, diciéndole "que es completamente normal que una mujer se excite mirando cuerpos de otras mujeres".

En este contexto, la palabra "amiga" sigue conservando su doble o triple sentido, que va desde la fraternidad hasta el deseo amoroso.

¿Es esta época más o menos cerrada que la victoriana? Difícil saberlo. La mirada atenta en los detalles permiten, en todo caso, dar cuenta de la diversidad y de las paradojas, que por lo visto ocurren en todas las familias.

Que luego de la aparición de Fantasmas en el parque, y luego de que el suplemento Radar (2/11/2008) publicara un reportaje donde la autora se refiere a su salida del closet, otros medios sigan presentando en sus notas a Sara Facio como "la amiga inseparable de María Elena", puede resultar un caso de profunda miopía. Pero también un gesto típicamente victoriano, en el sentido más amplio de la palabra...

Nelson Castro y sus histeriqueadas ocupacionales.

Nelson Castro, la censura periodística y la amante adolescente de Perón
(Alfredo Silleta)
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El periodista Nelson Castro planteó en el diario La Nación que con su desvinculación de Radio del Plata “está en riesgo la libertad de expresión”. Muchos colegas y la oposición política han planteado en medios de comunicación, en portales y en blogs que este gobierno es antidemocrático y que quiere coartar la libertad de información.
La realidad demuestra que no es así. Hoy más del 90 % de los programas políticos son opositores al gobierno nacional y el ejemplo se ve en la programación. Recordemos los programas políticos que se emiten en las principales señales de cable:
En TN, los lunes está Joaquín Morales Solá con “Desde el Llano”, un programa abiertamente opositor; el martes “Palabras más Palabras menos” con Ernesto Tenembaum y Marcelo Zlotogwiazda, único programa neutral donde se escucha también al oficialismo; los miércoles está “A Dos Voces” con Marcelo Bonelli y Gustavo Sylvestre que intenta ser relativamente ecuménico pero son más los invitados opositores; los jueves está Nelson Castro con “El Juego Limpio”, un programa abiertamente opositor y a continuación “Código Político” con Eduardo van der Kooy y Julio Blanck también opositor.
Si vamos a la señal de C5N tenemos los martes a Marcelo Longobardi, muy crítico, no solo a los Kirchner, sino al peronismo en general y los domingos la frutilla del postre con Mariano Grondona y su “Hora Clave” con un planteo casi golpista. Para no continuar con otros medios, ya que son muchos, señalemos que el propietario de América es Francisco De Narváez que conduce un partido de la oposición; radio Continental del Grupo Prisa vinculada a sectores agro exportadores del campo y en la gráfica, qué decir de La Nación, Clarín, Crítica y Ámbito Financiero.
Siempre es la misma historia: el peronismo es un movimiento fascista que coarta la libertad de prensa y los demás sectores de la sociedad son los democráticos. Pero como decía Litto Nebbia “si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia”.
La realidad dice que el general Perón estuvo proscripto durante 17 años sin poder volver a su patria, que hasta su nombre fue prohibido por un decreto (4.161) y que no pude descansar hasta después de muerto porque le cortaron las manos y, de Evita qué decir, que pintaban en las paredes “Viva el Cáncer” mientras agonizaba y la trataban de prostituta.
Cuando Perón cayó en 1955 se le imputaron todo tipo de crímenes políticos y morales. Se exhibió el vestuario de Evita, su ropa interior, sus supuestas joyas y más de 500 zapados de Perón, pero quizás lo más humillante fue la publicación de un libro de una desconocida autora, Nelly Madier sobre “Mis amores con Perón”, que fue recomendado acaloradamente por la prensa. El libro intentaba contar el relato de una adolescente de 14 años, Nelly Rivas, de la UES que era seducida y abusada por el general Perón en la residencia presidencial. El libro, casi un folletín de la época, contaba con este tipo de dialogo donde la adolescente le decía a Perón: “- He oído que hubo manifestaciones en el centro… Sus manos apretaron las mías: - Por favor no me hable de esas cosas…Yo… Me interrumpió casi con brusquedad:- En estos momentos existimos solo nosotros dos (…) me apretó entre su pecho y yo ya no puede pensar en nada de lo que me ocurrió después.” Vergonzoso, pero así funcionaban los que manejaran la comunicación en la Revolución Libertadora.
El peronismo y sus líderes siempre han sufrido el odio y el desprecio de de la oposición y la critica desmesurada de los medios de comunicación. Por eso, en estas horas, es bueno recordar aquel comentario del general Perón: “En 1945 teníamos todos los medios de comunicación en contra, y ganamos. En 1955 teníamos todos los medios a nuestro favor y nos echaron. En 1973 todos esos medios estaban otra vez contra nosotros y ganamos”.
En octubre habrá elecciones ¿Como siempre decidirá el pueblo?

Alejandro Seselovsky y la clase media argentina.

Jamás, de ninguna manera, se me ocurriría mandar un poquito bien a la concha de su madre a la clase media de Buenos Aires. Inflo el pecho para decirlo: mi clase media. La que ahora se siente satisfecha de sí misma cuando boquea con suficiencia su nueva y tan saludable proclama: ¡Qué bien Cobos! La clase media que puteaba a los piqueteros del hambre porque la hacían llegar tarde a la terapia y que ahora se compra la banderita y va al acto del campo para sentirse solidaria, para sentirse una hermana federal. La que lee La Nación en la barcito de GEBA y que siente que Grondona ya fue, pero qué bien este Joaquín Morales Solá, cómo piensa. O lee Crítica de la Argentina, y entonces lo que piensa es qué bien el gordo, cómo le pega a estos turros. La que de ninguna manera se espanta con los negros que llegan en los camiones del conurbano pero en el fondo preferiría que hubiera menos camiones, menos negros y de paso menos conurbano. Así, de un plumazo, que no hubiera: por qué tiene que seguir habiendo. La que putea a los chicos del call center cuando el celular no le manda bien los mensajes de texto. La clase media que en el 95 votó a Menem porque se quería seguir yendo a Nueva York con los 1000 pesos de su salario dolarizado mientras rosarinos desclasados carneaban vacas sobre la avenida Circunvalación o neuquinos expulsados de sus empleos tras la privatización de YPF cortaban caminos en Cutral Có, pero que cuando le tocaron los plazos fijos sintió que lo que le estaban tocando era el culo, y salió a cacerolear porque con el hambre de gente que vive en esos taperíos no sé, pero con los plazos fijos no se jode.

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Esa mezquina, desmemoriada, garca, egoísta, autoindulgente, vigilante y un poco bastante gallina clase media que se indigna con la marca de la cartera de nuestra señora presidenta, que ve allí, en esa exaltación del consumo por el que muere mil veces, los grandes males de la patria. Y entonces se sube con la virgencita a gritar Argentina, Argentina y le estampa un beso a Luciano Miguens y le agradece por defendernos del gobierno que le cae mal: cuestión de piel, ¿viste? Nos cae mal.
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La clase media vecinalista que está pensando en los destinos del país y que cree fervientemente que nos vamos a ir para arriba el día que saquen a patadas en el culo a todos los cuidacoches de Palermo, porque te rayan el auto y el auto de la clase media es la proyección de un ser supremo nacional, incluso por encima de los plazos fijos, fíjense.
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En el 82 llenó la plaza porque creía en sus generales y en que la guerra era una guerra ganada y en 2004 le firmó las papeletas al ingeniero Blumberg porque creía que de verdad era ingeniero y que iba a terminar con la inseguridad, esa cosa mala que inventaron los pobres y sobre la cual la clase media no siente que tenga ninguna responsabilidad social, por qué iba a tenerla.
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Supongo, como ya ha supuesto el chico Salmón en uno de esos talksongs radiográficos que tiene, que será el destino divino, tan fino, tan occidental y cristiano. Cosmopolita y parisino. Tan típico Matute pero no el de Don Gato. Supongo que el vigilante argento además es barato: además es barato. Y que así deber ser el estilo tan fino, del vigilante medio argentino.
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Nací y crecí en esa clase media. La que vive en barrios con poca voluntad de serlo. (San Juan y Boedo es la esquina de un barrio, y no hay Norte que alcance para convencerme de que Laprida y Mansilla es la esquina de otro, mal que le pese a la memoria de Xul Solar). La clase que se siente bien de sí misma porque no se mete en política, nunca se ha metido, siempre fue antiperonista. A esa clase le conozco sus clubes y sus colegios. Yo soy ella, así que no, jamás. Mandarla a la concha de su madre. Cómo se me va a ocurrir.

Inseguridad alimentaria

Un informe de la ONU afirma que 963 millones de personas sufren hambre en el mundo
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El número de personas que sufren hambre en el mundo aumentó de 923 millones el año pasado a 963 millones en 2008, informó la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO).

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Según el "Informe sobre el estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2008" de la FAO, el aumento se debe a los precios de los alimentos todavía elevados respecto a los años anteriores.
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"Los precios de los principales cereales disminuyeron más del 50 por ciento respecto al máximo alcanzado al comienzo de 2008, pero superan aún en un 20 por ciento a los de octubre de 2006", dice el informe reproducido por la agencia Ansa.

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Al respecto, Jacques Diouf, director general de la FAO, dijo que "los desórdenes civiles registrados en los países en vías de desarrollo son señal de la desesperación causada por el aumento de los precios alimentarios".
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"Los efectos de la crisis serán devastadores entre los pobres de las áreas urbanas y las mujeres jefas de familia", agregó.
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La peor situación se registra en el Africa subsahariana, donde una de cada tres personas, o sea 236 millones, sufre de hambre crónica.

La Tierra es la cuna del hombre, el cosmos es su casa


José M. López escribió.
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“Tsiolkovsky convirtió el cosmismo en una teoría científica que explica cómo el universo es una unidad, un “uno” en que la materia que forma parte de él, también es “una”. La teoría sostiene que la materia del cosmos tiene como característica la sensibilidad y por tanto el cosmos en sí mismo es una entidad viva y sensible. Dentro del cosmos, la Tierra es un lugar especial en el cual se están desarrollando nuevas formas de vida -entre ellas el hombre-, pero para Tsiolkovsky, al igual que para otros cosmistas, el hombre todavía es un proyecto, un ser intermedio que no ha completado su evolución y que todavía no ha abandonado completamente su estado semianimal. El hombre dejará este estado y alcanzará su completo grado de desarrollo cuando se convierta en un auténtico administrador de la Tierra. Una vez llegado a ese punto, la actividad del hombre debería tomar una nueva dimensión y dejar de ser sólo terrenal para pasar a ser cósmica. Tsiolkovsky se refirió a esta nueva era de madurez con su famosa frase “La Tierra es la cuna del hombre, el cosmos es su casa”.La ciencia y la tecnología son fundamentales para el desarrollo del hombre, pero a diferencia de cómo se tienen conceptuadas en occidente, Tsiolkovsky y los cosmistas creían que debían estar al servicio de la humanidad y servir para la unidad. Con ellas se podría construir una sociedad más justa que permitiera en el futuro salir al cosmos, poblarlo y desarrollar en él su actividad.Tsiolkovsky fue un visionario no sólo de la tecnología espacial, sino también de cómo el hombre debía colonizar el espacio.Hoy las misiones de todas las agencias espaciales del mundo tienen como principal objetivo la exploración de nuestro cercano Sistema Solar. Sin embargo, quién sabe, el salto del hombre a una nueva dimensión de sí mismo, a un grado superior de evolución, podría ser como vaticinó Tsiolkovsky, lo que le permitiría expandirse por el todo el cosmos y sentirlo como su casa”

Propuesta 8 revisada

GLTTBI


Un gospel y un canto gregoriano por la homofobia

Una nota de César Cigliutti*

La Propuesta 8 tuvo la reaccionaria enunciación de una cruzada religiosa "Ley de Protección del Matrimonio en California", reconociendo con soberbia sólo a las parejas heterosexuales.

Con el 52,5 por ciento a favor se consideró legal la unión exclusiva entre un hombre y una mujer.

Coetáneamente, en Michigan aprobaron la utilización de las células madres en investigaciones y, al igual que los estados de Dakota del Sur y Colorado, el uso médico de la marihuana. También en Dakota del Sur y Colorado rechazaron limitar el aborto.

En los días siguientes, miles de personas (los informativos hablan de 15 mil) se manifestaron públicamente en contra de los resultados. En estas expresiones, más de 20 personas fueron detenidas.

Quedan flotando los más de 18 mil matrimonios del mismo sexo que fueron celebrados desde junio en California. La Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos (ACLU) presentó una demanda a la Suprema Corte de Justicia de California.

Las encuestas realizadas, buscando una innecesaria explicación al más que expresivo sentimiento de homofobia de la votación, dieron como conclusiones que a la comunidad afroamericana y a la latina el progresismo les llegaba hasta lo racial (por la evidente representatividad) y la manipulación genética, pero se horrorizan con los matrimonios del mismo sexo.

Al frente y sin pudor por el resultado de California está el machismo acompañado y promovido por el Vaticano y las iglesias evangélicas.

La música gospel quedará muy bien en una película, pero a la hora de votar es tan vergonzoso como los cantos gregorianos del Vaticano.

Lo mismo en la Argentina: el arzobispo de Paraná, para poner el último ejemplo, junto con otros pastores evangélicos, afirmó en una solicitada publicada en todos los diarios de la provincia de Entre Ríos: "No juzgamos a las personas, aunque no compartimos, ni aprobamos las conductas incoherentes o contrarias a la naturaleza humana, como no compartimos el robo, el asesinato, la mentira".

Al igual que en California, una declaración clara, precisa, insultante.

* Presidente de la Comunidad Homosexual Argentina

Sólo para vos


El amor no es nada
si me miras
el amor señorea
si me tocas
es todo
si me mimas

El amor no es tenue
si me gozas
el amor es vida
si me lames
es un llanto
si me dejas

Dos en los medios

El juego de las diferencias



Claudio Goldini

¿Cuál es la diferencia entre "una travesti" que sale en la tele, que es considerada casi una mujer, más que una vedette, y un travesti pervertido, prostituido, mal alimentado? Una de las diferencias es que el segundo está muerto. Asesinado en forma brutal. Los dos salen en los medios, pero para el segundo hay un espacio reservado en la sección policiales. Mientras que la corrección política y hasta la "mentalidad abierta" tienen un carril obligado cuando se trata de presentar a la travesti glamorosa, objeto de fantasía de los machos que se precien, en cuanto el discurso pasa por la comisaría, las morgues y los juzgados, se traviste, retoma el artículo masculino y hasta destierra el nombre propio. Giselle pasa a ser "Nelson Javier Fleitas (36)" luego de ser masacrado. En otro artículo se puede leer como lo más natural del mundo que "la víctima, identificada como Daniel Eduardo Araujo, de 25 años, ejercía la prostitución desde hacía años en varios lugares de la ciudad de Buenos Aires". Qué dato relevante lo de la prostitución, sobre todo si fue asesinado por su novio ya que "de acuerdo con investigaciones posteriores y las declaraciones de algunos testigos, se determinó que la víctima había discutido muy violentamente con su pareja por cuestiones de celos y que la relación que ambos mantenían era enfermiza por ese tema". Otra gema de la misma crónica: "La médica, al ser interrogada por la defensa de los procesados, explicó que si bien pudo haber tenido relativa injerencia en el desenlace fatal que la víctima de este caso –quien era conocido como Giselle– padecía HIV y falencia nutricional, su muerte sobrevino como consecuencia de la brutal golpiza, con fractura de cráneo".

El lenguaje prepotente que avanza sobre la identidad no es inocente en este juego de errores, justifica de algún modo "las soluciones violentas".

Abuso infantil

La Argentina fue identificada como un país "emergente" en turismo sexual infantil
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Un alerta por la industria de la vergüenza
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Ciento sesenta países, incluida la Argentina, firmaron un compromiso para priorizar en la agenda la lucha contra el abuso infantil.El turismo sexual fue identificado como uno de los rostros de la explotación infantil.
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Mariana Carbajal


La Argentina fue identificada como un nuevo destino de turismo sexual, de viajeros que en sus vacaciones aprovechan para abusar de niñas y niños. Así fue revelado en el marco del III Congreso Internacional contra la Explotación Sexual Infantil, que terminó ayer en esta ciudad, con el compromiso de 160 países –entre ellos la Argentina– de priorizar la lucha contra el abuso infantil, en todas sus formas, en sus agendas de gobierno. "Los niños no pueden esperar más", destacó la filipina Amihan Abueba, directora ejecutiva de la Red Internacional contra la Prostitución, Pornografía y Tráfico Infantil (Ecpat), al anunciar, en conferencia de prensa, algunos de los compromisos asumidos por las delegaciones oficiales en la llamada Declaración de Río, entre ellos, la creación de instituciones como el ombudsman de la niñez. "Necesitamos mucha indignación donde tenemos indiferencia", agregó el sueco Nils Kastberg, director regional para América latina de Unicef.



El turismo sexual es uno de los rostros de la explotación infantil. Sus nuevos escenarios y la necesidad de aplicar legislación extraterritorial para perseguir en sus países a ciudadanos que exploten sexualmente a menores en el extranjero fueron ejes centrales de las discusiones. Expertos en el tema coinciden en que es un fenómeno que va en aumento. "Con Internet, la situación se ha vuelto más compleja para enfrentarlo: se pueden hacer arreglos anónimamente, sin tener que concurrir a un agencia de viajes", alertó la irlandesa Muireann O'Brian, abogada especializada en derechos humanos e integrante del Grupo de Especialistas en Tráfico de Chicos de la Comunidad Europea. El perfil del turista sexual cambió: la imagen del hombre pedófilo de edad avanzada que buscaba tener relaciones con pequeños quedó atrás: el turista sexual actual, que explota chicos, es en general joven y no es pederasta. También hay mujeres que buscan tener sexo con adolescentes en sus vacaciones. Y en muchos casos, destacó O'Brian, se trata de "explotadores oportunistas", turistas que aprovechan una oportunidad que surge en el momento de su descanso lejos de su hogar, para perpetrar el abuso.



Según Ectap, la Argentina se convirtió en un destino emergente de explotación infantil en turismo sexual. Así aparece en su publicación Combatiendo el turismo sexual con niños y adolescentes. Preguntas frecuentes (2008), que la organización internacional distribuyó en la cumbre. Ecpat fue una de las organizadoras del congreso, junto con Unicef y el gobierno brasileño.



"No manejamos cifras ni datos estadísticos porque no es posible tenerlos sobre esta problemática, dado que no se denuncia o se denuncia poco", aclaró al diario Página 12 el abogado peruano Marcos Sotelo, coordinador regional para América latina de Ecpat, cuya sede en Buenos Aires está próxima a trasladarse a la ciudad de Lima. "El incremento de visitantes que está recibiendo la Argentina, a partir del cambio favorable para los extranjeros, hace que se filtre gente que tiene intenciones de explotar sexualmente a niñas, niños y adolescentes. Significa que chicos en situación de vulnerabilidad tienen mayor riesgo de ser víctimas de ese tipo de turistas", explicó Sotelo. Una asesora del Programa Turismo Responsable e Infancia, de la Secretaría de Turismo de la Nación, presente en el congreso, consideró: "Reconocemos que el país tiene la problemática de la explotación sexual vinculada con el turismo, pero no nos consideramos país de turismo sexual, ya que no se venden paquetes que incluyan el acceso a menores".
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Más allá de las diferencias de criterio, lo cierto es que hasta ahora, la Argentina no había sido señalada como potencial destino de turismo sexual. "El problema del turismo sexual en la Argentina está creciendo pero no es todavía significativo como puede verse en otros países", consideró Nora Schulman, directora ejecutiva del Comité de Seguimiento de los Derechos del Niño (Casacidn).

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En la región, padecen la problemática del turismo sexual desde hace ya largo tiempo Brasil, Costa Rica y República Dominicana, apuntó Sotelo. Pero en el último tiempo se prendió la luz de alerta no solo en la Argentina: también en Colombia y Perú. "Brasil y Costa Rica ya incorporaron el tema a su agenda política", destacó.
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Ecpat impulsa desde hace varios años un Código de Conducta del Sector del Turismo para la Protección de Niños contra la Explotación Sexual Comercial, una iniciativa que nació en Suecia y que actualmente apoyan Unicef y la Organización Mundial del Turismo. En Brasil, lo suscribieron casi un centenar de empresas del sector de distintos puntos del país, entre agencias, hoteles, restaurantes, asociaciones y sindicatos. En todo el mundo lo firmaron más de 600 operadores turísticos de 38 países. La Secretaría Nacional de Turismo de Argentina firmó a mediados de 2008 un acuerdo para promoverlo en el país, y recién está iniciando las actividades de difusión y sensibilización del sector.
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Las víctimas de la explotación sexual vinculada con el turismo suelen pertenecer a contextos empobrecidos, algunos viven en la calle, o dependen de ingresos de temporada, o fueron abusados en sus propias casas, definen los especialistas. Los turistas sexuales, en cambio, provienen de países desarrollados, principalmente de Europa y Norteamérica y también de Rusia, Japón, Australia y Nueva Zelanda, y son en su mayoría hombre y mujeres "comunes y corrientes", destacó Ectap. Pero se identificó un nuevo perfil de turista sexual, "el oportunista", el que no elige un destino con intenciones de abusar de menores, pero que si se le presenta la oportunidad, la aprovecha. La irlandesa O'Brian alertó también sobre las consecuencias del consumo global en la propagación de este aberrante delito. Muchas veces, dijo, son los propios adolescentes, en situaciones de vulnerabilidad, los que se acercan a un explotador sexual para ofrecerse para conseguir dinero para drogas o para comprarse ropa. Y otras veces, son las familias de los chicos las que consiguen los clientes y "venden a sus hijos", alertó la experta europea.
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Para O'Brian, el gran desafío para vencer este flagelo pasa por el hecho de que la misma comunidad cuide a los chicos en la mira del visitante extranjero. Y a vez, por el compromiso que deben asumir los compañeros de viaje de los turistas sexuales de denunciarlos y dejar de mirar para otro lado.

Homofobia


Si a usted le da vergüenza ser racista, también le tendría que dar vergüenza ser homofóbico. Este es el concepto de la campaña mexicana que se lanzó el 17 de mayo y que sigue empapelando trenes, líneas de colectivos y subtes. Hay más carteles: hombres y mujeres con bigote estilo Hitler. “Así te ves” es el lema. Los chicos del Ku Klux Klan aparecen sentados en un aula no por casualidad: la escuela es el ámbito donde la homofobia pega más fuerte. Si la homofobia se legitima de manera cotidiana en los usos y costumbres, la vía de ridiculización —incluida la broma violenta— es uno de los lenguajes posibles para ir cambiando las mentalidades.